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Cuba: Ecos ancestrales

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El legado africano es, indiscutiblemente, una de las más profundas raíces de la cultura cubana. La isla se caracteriza por su gran diversidad y flexibilidad religiosa. La necesidad de resistir para vivir, el sincretismo y la conexión con la naturaleza son elementos comunes de las religiones afrocubanas, muy presentes en todas las manifestaciones sociales de su pueblo y cuyas ricas expresiones artísticas se han convertido en la principal arma para combatir los prejuicios y los estigmas.

Una de las características que primero salta a la vista en Cuba es la diversidad y la sincretismo de la fe, a tal punto que una misma persona puede practicar diferentes cultos.

Jesús y Orlando, por ejemplo, son paleros, santeros, babalaos y abakúa; y esto no significa un problema. La respuesta sobre esta diversidad se encuentra en la historia de miles de africanos, de más de 86 etnias diferentes, que llegaron a Cuba.

Todo ellos compartieron barracones, sufrimientos, castigos y abusos y también la misma necesidad de resistir para vivir. En las plantaciones cañeras y en las ciudades se unió lo físico y también lo emocional. Y esta fusión fue más allá. 

"El sincretismo es el resultado de una relación asimétrica de poder. Al africano no le quedó otra opción que equiparar para poder preservar, es decir, escondió detrás de los iconos católicos, que era la religión oficial, la religión hegemónica, la que se decía lo podía salvar, escondió detrás de esas imágenes sus propios credos"

Un ejemplo es la festividad de San Lázaro o Babalú Aye -como se le conoce en el mundo yoruba- que se celebra el 17 de diciembre, y que es una muestra de la fuerza y complejidad de la fe. San Lázaro, que según los creyentes tiene propiedades curativas, representa al personaje bíblico y el yoruba, el orisha africano emergido del sincretismo, Babalú Ayé.

"El sincretismo es el resultado de una relación asimétrica de poder. Al africano no le quedó otra opción que equiparar para poder preservar, es decir, escondió detrás de los iconos católicos, que era la religión oficial, la religión hegemónica, la que se decía lo podía salvar, escondió detrás de esas imágenes sus propios credos", explica la doctora Lázara Menendez. 

El arte africano, marcado por la religión

Tampoco el arte africano, fuertemente marcado por la religión, no ha recorrido un camino fácil. Los primeros esclavos, al no conocer el idioma español y no saber leer ni escribir, fueron trasmitiendo sus creencias por vía oral, es decir, a través de bailes, cantos y patakies, pequeñas historias protagonizadas por las deidades y que explicaban el mundo o dejaban alguna enseñanza.

"Tenían ese sentimiento de independencia, de lucha, y de sobrevivencia, sobre todo, y esto que tenemos nosotros aquí, en Cuba, lo que hemos hecho es sobrevivir, anteponernos a todas las dificultades", afirma Alexander Varona, coreógrafo, bailarín y, sobre todo, conocedor del legado africano.

Varon define la danza como "un efecto bumerán de la religión a la sociedad y de la sociedad a la religión".

La resistencia dio sus frutos y ya nadie cuestiona que el legado africano es una de las más profundas raíces de la cultura cubana. Tras el triunfo de la Revolución cubana (1953-1959) hubo un florecer de pintores, músicos, compañías de danza y de teatro.

Pero aunque las religiones afrocubanas parecen imbatibles, y para muchos son las religiones de la resistencia, hoy se enfrentan a peligros que emergen desde dentro: la banalidad y la comercialización de la fe, fenómenos que ponen en peligro ese inmenso legado que han dejado a un pueblo, una herencia sin la cual no puede explicarse qué es Cuba.  

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