Hay noticias que parecen chistes, pero lamentablemente no lo son. Los medios británicos informan que más de 50 diputados de diferentes partidos de la Cámara de los Comunes de este país, enviaron una carta al Gobierno solicitando estudiar la posibilidad de prohibir la emisión de la serie infantil rusa 'Masha y el Oso' en el Reino Unido. Ellos afirman que 'Masha y el Oso' representa una forma del "poder blando"ruso, ya que en un episodio Masha lleva una gorra parecida a la de un tanquista soviético y en el segundo caso, que revela su verdadera esencia antidemocrática, cuando ella aparece con una gorra similar a la de los guardias fronterizos soviéticos que pertenecían a la temida Comisaría Popular de Asuntos Internos (NKVD) de Stalin. También se recuerda, que la productora privada Animaccord, la distribuidora de la serie, en algún momento hizo una publicación en inglés en la que la niña Masha aparecía con un uniforme militar y el texto decía: "A real army girl... I'm in the army now!" ("Una auténtica chica del ejército... ¡Ahora estoy en el ejército!"). La publicación fue eliminada, pero los diputados británicos la citan, como un ejemplo de promoción del militarismo entre los niños europeos. Por supuesto, el militarismo es un tema que deben promover exclusivamente sólo ellos mismos.
La petición de prohibir 'Masha y el Oso' en el Reino Unido, surgió justo después de que Netflix anunciara la adquisición de sus derechos para emitir nuevas temporadas de esta serie en más de cien países, incluida Gran Bretaña. Pero los británicos no fueron los primeros en inquietarse. Mucho antes que ellos, las autoridades de Estonia y representantes del gobierno ucraniano ya habían calificado la serie como un instrumento del "poder blando" de Moscú. Poco a poco toda la civilización occidental se pone en alerta: ¡'Masha y el Oso' amenazan a los niños de Europa!
Seguramente los más perspicaces de ellos, ya han revelado el simbolismo oculto de la serie: el oso pardo que es el mayor depredador de Europa, que siempre amenaza al pacífico jardín de Borrel desde las junglas siberianas y una Masha, que en ruso es diminutivo de María, seguramente pensando en la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, pero de repente prefieren no seguir, para no terminar recordándonos al Pato Donald y demás tiernas criaturas de Disney, que por décadas derraman sobre la niñez del mundo su cascada de virtudes y valores.
En su libro 'América a la derecha y a la izquierda' (1971) los periodistas soviéticos Boris Strélnikov e Iliá Shatunovski describieron su primer viaje por EE.UU. y ahí compartieron una de las cosas que más los impresionó. Strélnikov y Shatunovski contaron cómo la maquinaria propagandística inculca en los niños el anticomunismo y el miedo a la URSS, subrayando que este adoctrinamiento comienza desde una edad muy temprana y es sistémico. Entre otras cosas en los cómics y literatura infantil, los enemigos de los superhéroes suelen ser "agentes rojos", espías o militares despiadados con simbología soviética. La palabra "comunista" se utilizó en la cultura masiva como sinónimo de villano, fanático y destructor. Por todos los medios a los niños se les inculcó que la URSS es el refugio de los "ateos", con los que es imposible llegar a cualquier acuerdo, y que la lucha contra el comunismo se presenta como un deber sagrado de todo estadounidense. Ningún libro infantil ni dibujo animado soviético ni ruso, jamás ha presentado a ningún otro pueblo como "enemigo", todo lo contrario, desde que aprendimos a hablar se nos enseñó que los seres humanos todos somos hermanos y debemos vivir en paz. Los malos de los cuentos para nuestros niños nunca terminaron ejecutados, reventados ni pulverizados, sino que al final siempre se reeducaban, tomaban conciencia, entendían sus errores, se arrepentían, pedían disculpas por sus maldades y eran perdonados, para volver a ser amigos todos.
A pesar de tantas transformaciones en Rusia y en el Occidente desde 1971, quedan cosas que claramente no cambiaron. Al mundo se le enseña a odiar a Rusia como antes enseñaban a odiar a la URSS, pero Rusia se niega a odiar al mundo, ya que simplemente se siente parte de él. A 'Masha y el Oso' les quieren prohibir no por sus gorritos o por ejercer un "poder blando", sino porque ambos son rusos y los rusos no deben generar simpatía ni mucho menos admiración o empatía en los niños occidentales. La deshumanización es total e incluye a todos: a las niñas de dibujos animados y a los animalitos de peluche.
Si alguien, desafiando la opinión de los diputados británicos, vio alguna vez a 'Masha y el Oso', entenderá por qué ellos se sienten tan bien con los niños de todos los países, incluyendo, por supuesto, a los del Reino Unido. El mundo de la amistad y el amor, el de los agentes rusos, Masha y el Oso, no reconoce fronteras ni soporta las sobredosis de estupidez de algunos políticos que sueñan con enseñar a los niños a odiarse unos con otros.
Lo interesante de 'Masha y el Oso' no es su inexistente mensaje ideológico tan buscado por sus poderosos enemigos, que seguramente fueron privados de algo muy esencial en su propia infancia. Tampoco son esos aburridos modelos que enseñan a los niños los buenos modales o los pensamientos correctos, además de valorar el orden, la limpieza, la obediencia, la tranquilidad, etc. No son perfectos y libres de cualquier falsedad moralista. Son seres absolutamente vivos, donde la constante inquietud e irreverencia de la pequeña Masha es compensada por la calma protectora de su gran amigo el Oso, quien la cuida pase lo que pase, con incondicionalidad. Ellos son la vida real, donde la silenciosa complicidad entre los seres diferentes y el cariño de una verdadera amistad, siguen protegiendo nuestro mundo de todo tipo de desgracias y de las locuras de quienes no entienden las cosas más simples y bellas de esta vida. Ojalá los niños británicos puedan seguir viéndolos.