La tarde del 13 de agosto de 1868 marcaría un antes y un después para dos países que se encontraban en conflicto. Entre las 4:00 y 5:00 de la tarde un doble desastre natural que incluyó un terremoto de una magnitud estimada de 9, y que produjo un posterior tsunami con olas de hasta 16 metros, azotó e impactó con gravedad las costas al sur de Perú y norte de Chile.
La potencia de este sismo que tuvo su epicentro en Arica, que para entonces pertenecía al departamento de Moquegua en Perú y que actualmente es capital de la Región de Arica y Parinacota de Chile, afectó con gravedad a las ciudades de Arequipa, Islay, Moquegua, Tacna, Arica e Iquique, que actualmente también pertenecen a Chile como resultado de la Guerra del Pacífico (1879-1883).
El sismo además fue percibido en Lambayeque (Perú) por el norte y Valdivia (Chile) por el sur, e incluso hasta en Cochabamba (Bolivia). Según reseñas históricas del Gobierno de Chile, el accidente natural dejó "brutales efectos" que "quedaron patentes en varias zonas de la ciudad hasta finales del siglo XIX" en la región de Arica. Tal impacto provocó la muerte de más de 700 personas, aunque algunos medios manejan una cifra de 25.000 fallecidos.
Del total de víctimas, 212 eran marineros que estaban en barcos de la bahía, mientras que los restantes 385 vivían en Arica, que para entonces tenía una población de unos 4.000 habitantes. Mientras tanto, en Iquique, aunque los efectos fueron menores en comparación con la zona cero, también hubo destrucción masiva y se contabilizaron otros 150 fallecidos.
Según una investigación sobre el contexto social en el que se produjo el terremoto y sus consecuencias más allá del fenómeno natural, las zonas afectadas sufrieron las secuelas no solo del evento sísmico y del tsunami, sino que ya enfrentaban una región convulsionada por una aguda crisis económica, procesos políticos y militares, así como una catástrofe sanitaria y humana.
"El terremoto y la posterior salida de mar se produjeron cuando Tarapacá, de manera puntual, y el Perú, en su conjunto, estaban recién saliendo de una nueva debacle política, producto del enfrentamiento armado entre el presidente Mariano Ignacio Prado y los sublevados Pedro Diez Canseco, en Arequipa, José Balta, en Trujillo y Ramón Castilla, en San Lorenzo de Tarapacá, por el tema constitucional", destaca la investigación.
Los daños fuera de Arica
De acuerdo con la investigación histórica, la población del extremo sur del Perú tuvo que convivir, por mucho tiempo, con "la sumatoria de las secuelas dejadas por el gran movimiento telúrico, la enorme salida del mar, las revoluciones y sublevaciones, la dilapidación de la riqueza guanera al amparo de una corrupción desenfrenada y la falta de un decidido apoyo estatal a la actividad salitrera".
Además, el estudio resalta que "la ecuación sismo y maremoto destruyó muelles, bodegas, máquinas, las mejores casas, almacenes, oficinas, botes", entre otros daños en las costas entre Pisco, por el norte, e Iquique, por el sur, además de las riberas de Chile.
"Así como en Tarapacá, en el resto del sur peruano las secuelas también fueron importantes. La ciudad de Moquegua quedó 'totalmente en ruinas', llegándose a contabilizar 150 víctimas fatales. Además, muchos de sus edificios más emblemáticos y gran parte de las viviendas con mojinete, que dominaban las construcciones habitacionales, quedaron en el suelo", agrega la reseña.
En el caso de Arequipa, la urbe más importante afectada, los daños no fueron menores, afirman los investigadores. "El diario La Bolsa, días después del sismo, llegó a titular que 'La bella Arequipa, ya no existe', graficando con ello que la llamada 'ciudad blanca' estaba por los suelos. Nada se salvó. Iglesias, edificios públicos y las casas estaban destruidas, dejando debajo de los escombros decenas de cadáveres".
En cuanto al tsunami, su presencia también dejó graves daños, dice la investigación. "En Mollendo, las olas arrasaron los almacenes y otras instalaciones del ferrocarril. En el puerto de Islay el mar arremetió con fuerza, pero el hecho de estar la infraestructura portuaria y habitacional en altura, por la geografía rocosa, se salvó de un daño significativo".
"En la localidad de Camaná murieron 100 personas y se destruyó la casi totalidad de sus edificaciones, afectación que se replicó con mayor o menor intensidad en Aplao y Chala. Más al norte del departamento de Arequipa, las localidades de Nazca, Ica, Pisco y Cañete, entre otras, también se vieron damnificadas", agrega el estudio histórico.