Groenlandia en la encrucijada

Groenlandia impresiona por su belleza helada, pero su historia esconde un trauma profundo: desde mujeres con anticonceptivos forzados por el Estado danés hasta niños arrebatados a sus familias para ser 'civilizados' en la metrópoli. Hoy, cuando la geopolítica toca a su puerta, esta memoria explica por qué los groenlandeses desconfían de todos. Entre la dependencia danesa y el apetito imperial de la Casa Blanca, un mar de contradicciones rodea la isla. ¿Hacia dónde se inclinará la balanza?

Groenlandia, la isla más grande del mundo, impresiona antes de aterrizar: hielo infinito, apenas rastro humano hasta pisar tierra. Tiene 56.000 habitantes y 20.000 viven en Nuuk, cuyo epicentro comercial consta apenas de un par de calles. Desde 2025 abundan carteles de "Groenlandia no está en venta", tras las declaraciones del presidente de Estados Unidos, que definió el control del territorio como una necesidad de seguridad nacional.

Miedo a Washington, dudas con Dinamarca

La guía Ulrikke Andersen recuerda que la amenaza atrajo turistas el primer año, pero luego llegaron cancelaciones porque temían por su seguridad. Si hubiese una invasión, dice que huiría a una cabaña en el fiordo. Las encuestas reflejan que alrededor del 80 % de groenlandeses rechaza ser parte de Estados Unidos, temiendo sobre todo perder el sistema de salud gratuito. Sin embargo, muchos apoyan la independencia de Dinamarca en 10-20 años, si no baja su nivel de vida.

Groenlandia está en el triángulo entre Norteamérica, Europa y Rusia. Nuuk está geográficamente más cerca de Washington que de Copenhague, pero, sin ejército propio, depende de Dinamarca y la OTAN. El ex primer ministro Kuupik Kleist recuerda que EE.UU. llegó a tener más de 17 bases. El exministro de del Interior y Finanzas groenlandés Vittus Qujaukitsoq vincula las tensiones al acceso a minerales: rubíes, hierro, petróleo, uranio, tierras raras. El viceministro de Negocios y Recursos Minerales de Groenlandia, Jorgen T. Hammeken-Holm, afirma que sólo el 40 % del territorio está bien estudiado; el resto puede o no esconder riquezas.

Pesca, dependencia y heridas coloniales

La economía se sostiene en la ayuda financiera danesa (supone un tercio de los ingresos públicos del territorio) y la pesca (98 % de las exportaciones). En la ciudad costera de Ilulissat, Kaj Oscar Larsen asegura que su cooperativa vive bien, pero es una excepción: dos grandes corporaciones controlan el sector. El pescador Lars P. Mathaessen denuncia que Dinamarca se lleva el pescado y el dinero.

Las tensiones también son sociales: la activista Najanguaq Hegeglund habla de "reproducciones coloniales" en la separación forzosa de niños groenlandeses en Dinamarca, y enlaza ese presente con los experimentos de 1951 y el "Caso Espiral", en el que se colocaron dispositivos anticonceptivos sin consentimiento a miles de mujeres, como Arnaq Knudsen Frederiksen.

Juventud y suicidio en el gigante de hielo

Groenlandia tiene la tasa de suicidios más alta del mundo; es la principal causa de muerte la franja de edad entre 15 y 29 años. Un estudio de 2023 la relaciona con las políticas danesas de los años 60 que quebraron la identidad colectiva. Malik Frederiksen muestra el lazo amarillo de prevención del suicidio y describe ciudades paralizadas por cada muerte. En el club de lucha Nanoq, Mahmoud Minaei ofrece autoestima y refugio. William Poulsen, cuya madre se suicidó, dice que el boxeo le salvó de "beber y fumar" y sueña con ser campeón por Groenlandia. En una isla disputada por potencias, sus habitantes exigen decidir por sí mismos su futuro.