La gran victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial se construyó a partir del heroísmo, valentía y sacrificio de cientos de miles de héroes y heroínas, muchos de ellos poco o nada conocidos fuera de Rusia y países vecinos. Historias conmovedoras, inspiradoras, en bastantes casos desgarradoras, pero todas ellas inmortales y cargadas de gloria.
No hablamos, en este caso, de grandes genios militares como el mariscal Gueorgui Zhúkov, figuras casi legendarias como el francotirador Vasili Záitsev u otras figuras razonablemente conocidas fuera del espacio postsoviético. En esta ocasión, nos centraremos en protagonistas que, lejos de ser anónimos en su patria de origen, son mucho menos conocidos fuera de ella.
Las personas galardonadas con el título de Héroe de la Unión Soviética por su desempeño en la Gran Guerra Patria se cuentan por miles
Aviadores, soldados, partisanas, estudiantes o campesinos que se ganaron un perpetuo lugar en la memoria de sus compatriotas y cuyos nombres están presentes, en forma de calles, escuelas, avenidas, placas, estaciones de metro o estatuas, en incontables lugares en toda la geografía de los ex integrantes de la Unión Soviética, con excepción de aquellos que decidieron tratar de reescribir la historia y borrar el honor para sustituirlo por la vergüenza.
Para que se hagan una idea, las personas galardonadas con el título de Héroe de la Unión Soviética por su desempeño en la Gran Guerra Patria están por el orden de los miles y cada omisión es, a su manera, una injusticia. Por ello, seleccionar solo a algunas de ellas para un texto relativamente breve como este ha sido más difícil que escribirlo. Y es que elegir con justicia unos pocos nombres entre tantos héroes y heroínas de la mayor muestra de resistencia, valor y lucha del siglo XX no es difícil: es imposible.
Matvéi Kuzmín (1858-1942)

Matvéi Kuzmín tenía más de 80 años cuando las tropas de Hitler invadieron la Unión Soviética. A esa edad le habría resultado difícil ir al frente y defender su patria armas en mano. Cuando los invasores llegaron a su pueblo, un alto oficial alemán le ofreció dinero y otros regalos a cambio de guiarlos. Como veterano habitante del lugar, Matvéi conocía la zona mejor que nadie. El anciano campesino aceptó, pero alertó a su nieto de la ruta que iban a seguir y este se las ingenió para hacer llegar la información a las tropas soviéticas. A pesar de que sabía que, muy seguramente, no saldría vivo del plan, Matvéi condujo a los ocupantes hacia la emboscada que él mismo había diseñado. El batallón alemán fue prácticamente diezmado por el Ejército Rojo, pero uno de los oficiales nazis, al darse cuenta de que el astuto campesino los había engañado, acabó con su vida de dos disparos. En 1965, Matvéi Kuzmín fue condecorado, a título póstumo, como Héroe de la Unión Soviética.
Zoya Kosmodemiánskaya (1923-1941)

La estudiante de literatura Zoya Kosmodemiánskaya tenía 18 años cuando Hitler dio inicio a la Operación Barbarroja. Desde el primer instante se involucró en acciones partisanas de sabotaje. Capturada por los nazis pocos meses después, fue torturada durante dos días, pero se negó a delatar a sus compañeros. Antes de ser colgada, la joven gritó que no tenía miedo y que millones de sus compatriotas la vengarían. La actitud firme y desafiante de Zoya ante sus verdugos contagió de valentía y determinación a la población soviética, tal como ella había predicho. Al año siguiente de su ejecución, se convirtió en la primera mujer en ser nombrada Heroína de la Unión Soviética durante la guerra.
Alexéi Marésiev (1916-2001)

El piloto de combate Alekséi Marésiev fue derribado tras las líneas alemanas en abril de 1942. Sobrevivió, pero tuvo que arrastrarse durante más de dos semanas en el bosque, con graves heridas en sus piernas, hasta que alcanzó el territorio controlado por el Ejército Rojo. Los médicos tuvieron que amputarle ambas extremidades por debajo de la rodilla, pero, apenas salió del hospital, Marésiev solicitó volver al frente. Con la ayuda de dos prótesis, tras una dura rehabilitación de un año, volvió a los combates y derribó otros siete aviones invasores, para un total de diez victorias aéreas. Además de ser reconocido con el título de Héroe de la Unión Soviética, su historia inspiró libros, películas y hasta una ópera compuesta por Serguéi Prokófiev.
Ludmila Pavlichenko (1916-1974)

Ludmila Pavlichenko estaba terminando sus estudios de historia en la Universidad de Kiev cuando las tropas al servicio de Hitler se lanzaron contra la Unión Soviética. La joven, que había aprendido a disparar en su adolescencia, no dudó en alistarse en el Ejército Rojo y pronto demostró que su formación no había sido la de apenas una aficionada. En poco más de un año, Liudmila acabó con 309 enemigos, 36 de ellos francotiradores de élite, convirtiéndose en la francotiradora más mortífera de la historia. Herida en el frente de guerra, fue nombrada Heroína de la Unión Soviética y se dedicó a formar a otros tiradores en la retaguardia, entre ellos decenas de mujeres.
Musa Dzhalil (1906-1944)

Musa Dzhalil estaba destinado a escribir poesía y literatura infantil, tanto en lengua rusa como tártara. La invasión nazi de la Unión Soviética lo llevó al frente de guerra, como corresponsal y combatiente. Herido y capturado por los invasores en junio de 1942, el escritor fue encarcelado en la Polonia ocupada por los alemanes. Incluso durante el encierro se las arregló para crear un grupo de resistencia que llevó a cabo acciones de sabotaje y propaganda dentro y fuera de la cárcel. Cuando los nazis lograron descubrir y desmantelar la agrupación, Musa y otros de sus compañeros fueron torturados y ejecutados en Berlín. Además de ser condecorado póstumamente como Héroe de la Unión Soviética, Musa Dzhalil recibió el Premio Lenin, también a título póstumo, por los poemas que escribió durante su cautiverio, rescatados tras la derrota nazi.
Lidia Litviak (1921-1943)

Cuando los alemanes invadieron la Unión Soviética, Lidia Litviak tenía apenas 19 años. Aunque para entonces ya tenía algo de experiencia como piloto deportiva, mintió sobre sus horas de vuelo acumuladas para poder alistarse como piloto de combate. A los mandos de un Yak-1, en pocos meses se convirtió en la piloto femenina más letal de la historia, con 11 victorias individuales, casi la mitad de ellas en la Batalla de Stalingrado. Falleció en agosto de 1943, después de que su avión fuera derribado por el enemigo. Su cuerpo fue localizado en un remoto cementerio décadas después y, finalmente, en 1990, Lidia Litviak recibió el título de Heroína de la Unión Soviética.
Semión Nomokónov (1900-1973)

El indígena siberiano Semión Nomokónov era apodado desde niño como "ojo de milano" por su excelente vista. Aunque llegó al frente como médico del Ejército Rojo, la primera vez que disparó un rifle en la guerra, mientras evacuaba a un herido, eliminó a un francotirador enemigo. Desde entonces, se convirtió en uno de los tiradores soviéticos más letales, al punto de que los nazis lo llamaban "el chamán de la Taiga" y atribuían su letal puntería y facilidad para camuflarse a poderes sobrenaturales. Semión regresó a casa tras el final de la guerra montando a caballo, tal como se había ido. Además de numerosos altos galardones militares, recibió la Orden de Lenin.
Uliana Grómova (1924-1943)

Como muchos de sus compatriotas, tras la invasión nazi, Uliana Grómova se integró en la organización juvenil clandestina 'Joven Guardia', muy activa en su Donétsk natal. Junto a sus compañeros de lucha, participó en sabotajes, distribución de panfletos y otros actos de resistencia. Arrestada por la Gestapo, sufrió terribles torturas, pero se negó a delatar a sus compañeros. Fue ejecutada en 1943 junto a otros miembros del grupo, la gran mayoría menores de 20 años, como ella. Uliana y cuatro de sus camaradas recibieron póstumamente el título de Héroe de la Unión Soviética.
Mijaíl Deviatáyev (1917-2002)

El piloto soviético Mijaíl Deviatáyev realizó varias misiones aéreas exitosas contra los invasores alemanes, pero en julio de 1944 fue derribado, capturado y enviado de un lugar de reclusión a otro, hasta caer en un campo de trabajo forzoso donde los alemanes desarrollaban sus programas de misiles. A pesar de las difíciles condiciones del lugar, Mijaíl logró organizar una exitosa fuga con otros prisioneros de guerra soviéticos, nada más y nada menos que a bordo de un bombardero alemán que se llevaron consigo. Al aterrizar en territorio controlado por el Ejército Rojo, ante una historia de escape tan increíble, sus propios camaradas inicialmente desconfiaron de él y pasó los restantes meses de guerra bajo custodia militar. Cuando se comprobó que su versión era cierta, fue galardonado con el título de Héroe de la Unión Soviética por su hazaña en territorio enemigo y por haber traído consigo datos cruciales sobre el programa de misiles alemán.
Elena Mazánik (1914-1996)

La campesina Elena Mazánik trabajaba como mesera en Minsk cuando los alemanes tomaron el control de la ciudad. Aprovechando sus contactos con la resistencia local y en coordinación con las partisanas María Osipova y Nadezhda Troyán, la joven pasó a trabajar en la mansión de Wilhelm Kube, el funcionario nazi de mayor rango en la Bielorrusia soviética ocupada por Alemania. Tras ganarse la confianza de sus empleadores, tres meses después plantó una bomba de tiempo bajo la cama del comisario general, que al explotar acabó con la vida del jerarca. Elena y sus compañeras fueron nombradas Heroínas de la Unión Soviética tras el éxito de la operación.
Como les decíamos al inicio, muchas heroínas y héroes —galardonados o no— quedaron fuera de esta selección, como Roza Shánina, Iván Kozhedub, Alexánder Matrósov, Iván Panfílov, Nikolái Gastello, Elizaveta Cháikina, Alexánder Pokryshkin o Marat Kazéi y su hermana Ariadna, por nombrar unos pocos más entre esos miles que, con su ejemplo, se ganaron un lugar eterno de gratitud y admiración en el corazón de sus compatriotas y de quienes reconocen sin peros el incomparable rol de los pueblos de la Unión Soviética en la victoria de la humanidad ante el nazismo.
Nombres inolvidables que, paradójicamente, siempre merecerán el esfuerzo de contribuir como se pueda a que se sigan recordando.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.

