Científicos que estudian perros salvajes asentados cerca de la central nuclear de Chernóbyl han identificado diferencias genéticas que mejoran sus posibilidades de supervivencia y se transmiten a sus crías.
Los perros que viven junto a la planta presentan perfiles genéticos muy distintos a los de la ciudad de Chernóbyl, situada a solo 16 kilómetros. En el grupo ubicado en torno a la central nuclear se detectaron señales de selección natural en más de 100 regiones concretas del ADN, lo que indica que ciertas variables se hicieron más frecuentes porque favorecían su supervivencia.
Esas regiones están vinculadas a genes implicados en la reparación del material genético, el cáncer, el ciclo celular y el sistema inmunitario. Todo apunta a que la selección natural privilegió a los individuos que ya portaban esas variantes, permitiéndoles adaptarse mejor al entorno contaminado.
"Aunque no podemos afirmar con certeza que lo encontrado constituya selección directa, sí detectamos firmas genómicas que la sugieren. Al analizar esas regiones, vemos que los genes involucrados participan en vías biológicas relevantes que podrían ayudar a superar los efectos de la exposición a tóxicos", señaló Megan Dillon, investigadora posdoctoral de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (EE.UU.) y primera autora del estudio.
"Si tenemos en cuenta el entorno tóxico que rodea a Chernóbyl, entiendo por qué la mayoría de la gente pensaría: 'Seguro que vivir en ese entorno ha tenido alguna consecuencia'. Pero lo que estamos diciendo es que puede que la consecuencia no haya llegado hasta el punto de alterar el genoma de los perros para adaptarse; podría ser que aquellos que fueron capaces de sobrevivir a las exposiciones iniciales contaran con ese nivel de diversidad genética subyacente y variantes que les proporcionaran un mayor grado de aptitud", explicó Matthew Breen, coautor correspondiente del estudio.
"Obviamente, se trata de una especulación y no sabemos exactamente qué ha ocurrido. Pero es justo decir que hemos utilizado un análisis muy sólido y hemos encontrado indicios de selección en regiones biológicamente relevantes", añadió.
El trabajo indica que la radiación y otros contaminantes no alteraron el ADN de los perros, sino que favorecieron a aquellos que ya portaban ciertas características genéticas desde el principio.