Un grupo de investigadores del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) analizó un detalle casi olvidado del diario de vuelo del avión Enola Gay —el bombardero que transportó la bomba atómica que devastó Hiroshima— y llegó a una conclusión alarmante sobre lo que ocurrió aquel 6 de agosto de 1945.
Apenas 97 minutos después de la explosión, el navegante anotó dos palabras: "NUBE DESAPARECIDA", en referencia a que ya no podía ver la columna de humo del ataque nuclear desde el avión. En ese momento la aeronave se encontraba a más de 750 kilómetros de distancia y a 7.440 metros de altura. Según los cálculos del equipo, la única forma en que el humo dejara de ser visible desde esa posición es que dicha columna hubiera alcanzado al menos 11,3 kilómetros de altura.
"El incendio de Hiroshima elevó el hollín hasta bien dentro de la troposfera superior", escribieron los científicos en el estudio. Esa altura es suficiente para que las partículas de ceniza y residuos carbonizados queden atrapados en las capas altas de la atmósfera durante mucho tiempo, bloqueando la luz del sol.
Los investigadores advierten que este resultado refuerza los escenarios de invierno nuclear. En una guerra con muchas bombas atómicas, las nubes acumuladas de hollín y material incinerado podrían reducir drásticamente la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre, provocando un enfriamiento global severo y el colapso de las cosechas.
"Esto es consistente con los escenarios de invierno nuclear", concluyen los autores. El caso de Hiroshima, pese a tratarse de una sola detonación, demuestra que incluso un ataque nuclear individual es capaz de proyectar grandes cantidades de residuos tóxicos y carbonizados a altitudes donde pueden alterar el clima del planeta durante meses o años.


