En un avance sin precedentes para la biotecnología, la startup Exin Therapeutics logró que un agente de inteligencia artificial controlara un brazo robótico e inyectara una terapia génica directamente en el cerebro de un ratón vivo para tratar la epilepsia, reporta Wired.
El experimento, concebido por el fundador, Gabriel Ocaña Santero, buscaba probar la capacidad de la IA para interactuar directamente con equipos de laboratorio en tiempo real en lugar de solo analizar datos.
El procedimiento dejó un revelador dilema ético: el equipo intentó utilizar primero el modelo Claude Opus 5.5 de Anthropic, pero el sistema se negó rotundamente a guiar la aguja dentro del cráneo del roedor, alegando que interrumpir la intervención a mitad del proceso pondría en riesgo la vida del animal. Ante el rechazo, los investigadores tuvieron que recurrir al modelo Claude Sonnet 5, el cual sí aceptó ejecutar las órdenes, seleccionar los parámetros de volumen y velocidad, y operar los inyectores robóticos.
A pesar de ciertos fallos técnicos con las coordenadas que extendieron la cirugía a poco más de una hora, el procedimiento concluyó con éxito bajo supervisión humana y el ratón se recupera satisfactoriamente. Santero destacó que, aunque la integración de la IA en laboratorios promete revolucionar la investigación científica, la supervisión humana sigue siendo imprescindible y aún estamos muy lejos de permitir que una IA opere a seres humanos.