Las acciones de las principales empresas tecnológicas de Estados Unidos registraron fuertes caídas el viernes, en medio de una creciente preocupación por el costo de la expansión de la inteligencia artificial (IA) y la capacidad de las compañías para financiar sus inversiones, según un artículo del Financial Times.
La inquietud aumentó después de que se conociera que Anthropic podría recibir una calificación crediticia de grado especulativo, también conocida como bono basura, cuando salga a bolsa, cosa que reavivó las dudas sobre el endeudamiento que sostiene buena parte del actual auge de la IA.
Desplomes y pérdidas
El Nasdaq 100 cayó un 3,5 %, después de haber retrocedido un 1,4 % el jueves, cuando Alphabet, matriz de Google, perdió unos 500.000 millones de dólares en valor de mercado. Durante la jornada del viernes, el índice llegó a entrar brevemente en territorio de corrección, al acumular una caída del 10 % desde su máximo histórico del 6 de octubre, que se profundizó tras otro informe del medio según el cual la empresa de gestión de activos, Blackstone, advirtió a sus inversores que Anthropic podría no conseguir una calificación de grado de inversión.
Una evaluación crediticia de ese tipo podría encarecer y dificultar el acceso de Anthropic a financiación, especialmente mediante deuda, y la compañía, considerada una pieza importante del desarrollo de la IA, depende de enormes inversiones para ampliar su capacidad de procesamiento. El problema es que las grandes tecnológicas ya destinan cientos de miles de millones de dólares a comprar chips, construir centros de datos y desarrollar infraestructura, mientras los inversores comienzan a cuestionar cuándo esos gastos se traducirán en beneficios.
La desconfianza también alcanzó al sector de los semiconductores después de que Intel presentara previsiones de ventas inferiores a las esperadas. Sus acciones se desplomaron un 29 %, en su peor jornada desde 1974, mientras el índice Philadelphia Semiconductor retrocedió un 7,2 %. Nvidia perdió un 4,2 %, CoreWeave cayó un 9,7 % y Amazon retrocedió un 1,4 %.
Según Bloomberg, la caída en las acciones de Intel se debió a la incertidumbre del mercado sobre la rentabilidad de sus millonarias inversiones en IA. A pesar del aumento en la demanda de IA, los inversores temen que el retorno financiero se vea comprometido por los elevados costos de ampliación de la infraestructura y las actuales limitaciones de producción expuestas en el reporte de la tecnología.
Turbulencias en otros mercados
En Japón, el Nikkei 225 cayó un 2,1 % y SoftBank, inversor de OpenAI, perdió un 6 %, con lo que acumula un descenso del 48 % desde su máximo de junio. En Corea del Sur, Samsung Electronics retrocedió un 3 % y SK Hynix un 7,1 %, mientras que el índice Kospi bajó un 3,5 %. En Europa, ASML perdió un 6,1 % y el conjunto de acciones tecnológicas de la región cayó un 2,7 %.
El petróleo Brent subió hasta los 118 dólares por barril, su nivel más alto desde abril, ante el temor a una escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
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Además, las acciones vinculadas a las criptomonedas sufrieron fuertes pérdidas tras el ciberataque a Binance: Robinhood cayó un 7,2 % y Coinbase un 10,6 %. En medio de la volatilidad, la empresa financiera nigeriana OPay, respaldada por SoftBank y que tenía previsto debutar en la Bolsa de Nueva York tras una salida a bolsa valorada en 4.000 millones de dólares, finalmente no comenzó a cotizar.
¿Inversión insaciable?
La preocupación de fondo es si los ingresos futuros de la IA justificarán el enorme gasto que exige su desarrollo. Un ejemplo de esto es el caso de Alphabet, que perdió un 13 % el jueves después de informar de un nuevo aumento de sus inversiones y de advertir sobre posibles cambios en su negocio publicitario por el avance de las búsquedas con IA.
"Las expectativas que sustentan los precios de las acciones tecnológicas están siendo cuestionadas y se están reajustando", afirmó Hank Calenti, estratega de mercados globales de SMBC. En otras palabras, para los inversores, el desafío ya no es solo identificar qué empresas liderarán la revolución de la IA, sino determinar cuáles podrán convertir sus enormes inversiones en ganancias sostenibles.
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