El feminicidio de Nancy Godoy, una maestra de 52 años que trabajaba en una escuela rural en Corrientes, una provincia ubicada en el norte de Argentina, provocó una conmoción que derivó el 29 de octubre en un paro nacional docente y protestas masivas en Buenos Aires.
"¡Justicia por Nancy Godoy!, ¡Ni una docente menos!", fue el lema que marcó las movilizaciones que la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) llevó a cabo en todo el país, con el apoyo de la Unión de Docentes Argentinos (UDA) y la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica.
De esta forma, las clases de educación básica se paralizaron en todo el país para reclamar justicia en un caso que comenzó el pasado 7 de octubre, cuando la maestra se comunicó por última vez con sus familiares esa misma jornada. Tres semanas después, su cuerpo fue encontrado tirado en un paraje. En ese lapso, fueron detenidas cinco personas, pero la policía de Corrientes todavía no ofrece una hipótesis contundente sobre el crimen.
Detenciones sin móvil
Los detenidos son los peones rurales Ernesto Ezequiel Bordón y Felipe Dionisio Sandoval; el capataz Ireneo Felipe Zarza; quienes son sospechosos de haber sido los autores materiales del crimen. Por otra parte, el matrimonio integrado por Rosa Leguizamón y Nahuel Rojas quedó imputado por presunto encubrimiento. Pero se desconoce el móvil.
La indignación por el crimen fue incentivada debido a las precarias condiciones en las que Godoy desempeñaba su labor docente, ya que era la directora sustituta de una humilde escuela rural ubicada en la localidad de Esquina y de difícil acceso, ya que, para llegar, cruzaba caminos de tierra e incluso recorría un largo tramo a caballo.
En agosto pasado, cuando la maestra asumió la dirección, grabó y difundió un video que mostraba cómo había encontrado la escuela: con mobiliario roto, baños sucios e inutilizables, libros tirados y mojados, sin agua, ratas por doquier, murciélagos en el techo. También escribió a mano una carta en la que contó que ella misma pasó varios días limpiando la escuela para que los ocho alumnos inscritos pudieran tomar clases.
Además, el docente que supuestamente estaba a cargo cobraba su sueldo pero ni siquiera iba con regularidad, sin que ninguna autoridad supervisara sus ausencias que afectaban la educación de los menores. Por todo ello el crimen tiene múltiples aristas, ya que, además de la violencia ejercida contra la víctima, deja en evidencia las carencias educativas en las zonas más pobres del país.