Un perro pisó hace casi 4.000 años un ladrillo de barro recién hecho en un asentamiento del oeste de Anatolia —en la actual Turquía— y dejó una serie de huellas. El ladrillo acabó formando parte de la pared de una casa, resistió un incendio devastador y permaneció enterrado miles de años, informa Arkeonews.
Según los arqueólogos que lo recuperaron durante las excavaciones en Tavsanli Hoyuk, en la provincia de Kutahya, esas huellas de patas han preservado un pequeño instante de la vida cotidiana de la Edad del Bronce.
Los ladrillos de arcilla eran un material de construcción común en Anatolia durante la Edad del Bronce. Los trabajadores mezclaban tierra, agua y paja, formaban los ladrillos y los dejaban secar al sol. Los arqueólogos supusieron que un animal pasó cerca mientras la arcilla aún estaba blanda; al secarse, las huellas quedaron fijas. El ladrillo se utilizó después para revestir la pared de una casa hasta que un incendio destruyó la estructura.
Desde 2021, los arqueólogos estudian la historia de la Edad de Bronce del asentamiento y han descubierto importantes restos arquitectónicos y evidencias de una violenta destrucción ocurrida hace aproximadamente 3.700 años. Entre los hallazgos más sorprendentes se encuentran dos esqueletos humanos recuperados de edificios incendiados.
En 2024 se halló en el asentamiento un sello cilíndrico de loza de 3.750 años de antigüedad en una capa de destrucción que data del final de las colonias comerciales asirias. Ese sello confirmó que las comunidades de la región participaban en redes comerciales que se extendían hasta Anatolia central y oriental.
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