Crisis energética amenaza con volverse alimentaria y llegar a la mesa

La guerra en Irán, el conflicto en Ucrania y el Súper Niño golpean a la vez al diésel, los fertilizantes y las cosechas.

La crisis energética actual podría terminar desencadenando una crisis alimentaria si los conflictos armados siguen alterando el suministro de insumos clave para la agricultura y encareciendo el transporte, advierte un nuevo informe de S&P Global Institute citado por Axios.

Presión desde varios frentes

El nuevo análisis plantea que la guerra en Irán y el conflicto entre Rusia y Ucrania están ejerciendo una presión simultánea sobre distintos pilares del sistema alimentario global. Entre estos figuran el suministro de gas natural y azufre para fertilizantes, el diésel necesario para la maquinaria agrícola y el transporte de mercancías, así como la estabilidad de las rutas marítimas por las que circulan esos insumos y los propios alimentos.

A ello se suman los fenómenos meteorológicos extremos, que están agravando la fragilidad de las cosechas. S&P examina en particular cómo el fenómeno de El Niño —que este año ha sido catalogado como 'Súper Niño' por el incremento de su poder destructivo— podría empeorar los problemas asociados al encarecimiento del combustible y a las restricciones sobre componentes clave de los fertilizantes.

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"El conflicto ahora los está poniendo a prueba a todos a la vez, justo cuando El Niño pone a prueba la cosecha", señala el informe. 

Cadena de encarecimiento

Axios recuerda que el documento de S&P apareció al mismo tiempo que nuevas advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el encarecimiento de insumos y alimentos. En su informe 'Perspectivas de la Economía Mundial', el organismo prevé un aumento general del 10 % en los precios de los fertilizantes este año, además de una subida del 5 % en los costos de los alimentos en 2026 y del 2,4 % en 2027, aunque con diferencias según la región.

Uno de los factores más sensibles en este proceso es el diésel. Su escasez no solo incrementa los costos de producción y transporte para los agricultores, sino que, combinada con las políticas de apoyo a los biocombustibles, vuelve más rentable dedicar ciertos cultivos a la producción de energía en lugar de alimentos. "El efecto indirecto es que, en algunas regiones, los cultivos para combustible se vuelven más valiosos que los cultivos para alimento", explica el informe de S&P.

La tensión también se extiende a materias primas clave para la fabricación de fertilizantes: el azufre exportado desde Oriente Medio alcanzó en julio un precio récord de 1.000 dólares por tonelada métrica, tras haber comenzado el año ya en un nivel históricamente alto de 500 dólares. El dato adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que el 47 % de las exportaciones marítimas mundiales de azufre pasa habitualmente por el estrecho de Ormuz.

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Aunque el informe no da por inevitable una crisis alimentaria global, sí alerta de que el riesgo va en aumento. De acuerdo con S&P, el riesgo de esta crisis se incrementará si los conflictos siguen golpeando el suministro energético y de fertilizantes mientras el clima sigue deteriorando las cosechas en regiones clave.

El factor ucraniano

Mientras tanto, una posible crisis alimentaria fue vaticinada recientemente también por el líder del régimen ucraniano, Vladímir Zelenski, quien aseguró: "Créanme, dentro de 2 o 3 meses todos hablarán de una crisis en la agricultura, porque habrá escasez de alimentos en países del continente africano, en algunos países de Asia y en Oriente Medio, ya que exportamos millones de toneladas de alimentos a esos mercados".

Al justificar ese pronóstico, el jefe del régimen de Kiev apeló al papel de Ucrania como exportador de alimentos y advirtió de las consecuencias que tendría un bloqueo de las rutas de suministro para los países más vulnerables.

No obstante, en sus declaraciones, Zelenski omitió que los ataques rusos contra los puertos ucranianos se produjeron en respuesta a su campaña de 40 días para "forzar a Moscú a la paz". Durante años, el Ejército ruso se abstuvo de atacar la infraestructura portuaria, pese a que Ucrania recibe por mar una gran cantidad de municiones. 

La doble cara de Kiev

Mientras el régimen de Kiev advierte sobre el riesgo de una crisis alimentaria, sus propios ataques contra buques civiles contribuyen a agravar justamente ese peligro. En este contexto, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, denunció la semana pasada que el régimen ucraniano ataca embarcaciones civiles en los mares Negro y de Azov con el objetivo de desestabilizar los mercados internacionales de energía y alimentos.

La vocera recordó que las fuerzas ucranianas han lanzado desde enero más de 250 ataques indiscriminados contra embarcaciones que transportaban petróleo, cereales y otras cargas no militares. La mayor parte de estos tuvieron lugar durante el período estival. 

Desde Moscú, en cambio, insisten en que una escasez global de grano no es inevitable y que Rusia está en condiciones de compensar parte de los volúmenes ucranianos que dejen de llegar al mercado. Según el presidente ruso, Vladímir Putin, el país tiene capacidad para exportar al menos 60 millones de toneladas de grano.