El presidente Donald Trump intenta hacer concesiones económicas a Rusia en un intento por reactivar las negociaciones de paz con Moscú. Mientras tanto, el tiempo se agota para poner fin al conflicto en términos que sean aceptables para Europa y Ucrania, advierte Zachary Paikin, investigador del Instituto para la Paz y la Diplomacia. "No debemos perder de vista el panorama general antes de que sea demasiado tarde", alerta.
En este contexto, destaca el reciente anuncio de Trump del pasado 9 de octubre respecto al acuerdo sobre el suministro de diésel ruso bajo el cual, según el mandatario estadounidense, Rusia acordó suministrar de inmediato más de 300.000 toneladas a EE.UU. y el resto del mundo, otras 500.000 en noviembre y 1.000.000 inmediatamente después.
¿Qué es el diésel y por qué mueve la economía mundial?
En consecuencia, el Departamento del Tesoro informó sobre la suspensión temporal de las sanciones sobre las entregas de diésel ruso hasta las 00:01 (hora del este) del 7 de abril de 2027. A su vez, el viceprimer ministro ruso, Alexánder Novak, anunció que Rusia comenzará a levantar de inmediato la prohibición de la exportación de diésel, antes de los plazos previstos inicialmente, al tiempo que expresó la disposición de Moscú a coordinar futuras acciones para lograr un mercado más predecible y estable. El portavoz de la Presidencia de Rusia, Dmitri Peskov, a su vez, afirmó el jueves que el diésel ruso ya ha comenzado a llegar a los mercados globales, lo que podría ayudar a estabilizar la situación en torno al alza del combustible.
"La esperanza no es una estrategia"
En opinión de Paikin, el pacto tendrá un impacto limitado en el consumo estadounidense y en los precios mundiales. "Más importante aún, son las repercusiones del acuerdo en las negociaciones para la finalización de la guerra, las cuales siguen siendo inciertas", indica.
"Por un lado, quienes argumentan que el acuerdo representa una relajación inaceptable de la presión sobre Rusia tienen pocas pruebas que respalden su afirmación de que aumentar la presión sobre Moscú dará frutos […] Rusia aún no parece estar al borde de un colapso económico total. Quienes esperaban que las sanciones obligaran a Moscú a cambiar de rumbo deben comprender finalmente que la esperanza no es una estrategia. Aumentar la presión sobre Rusia no es la panacea para poner fin a la guerra", señala.
El tiempo para Kiev se agota
El experto también sostiene que los acuerdos económicos no sustituyen la necesidad de abordar los problemas políticos y de seguridad de larga data, que, en primer lugar, originaron el conflicto. "La guerra en sí tiene sus raíces en décadas de visiones contrapuestas sobre quién y cómo debe establecer las reglas de la seguridad europea, recuerda.
En este sentido, advierte que, con el avance de los partidos de oposición en Francia y Alemania, Kiev estaría en aprietos al momento de negociar el futuro de la ayuda por parte de Europa. "Las consecuencias para el esfuerzo bélico de Ucrania podrían ser devastadoras", afirma.
"A estas alturas, debería ser evidente que en los últimos mesesel rumbo de la guerra no cambió a favor de Ucrania […] Los europeos no pueden sacrificar la que podría ser la última oportunidad de Ucrania para un resultado decente", concluye.




