La sorprendente formación rocosa en Madagascar que guarda una conexión con la Luna

Se trata del macizo de anortosita de Saririaky, una formación clara y poco común en la Tierra, pero muy abundante en la superficie lunar.
Resumen generado por IA
  • Un astronauta de la Estación Espacial Internacional fotografió el macizo de anortosita de Saririaky, en el árido sur de Madagascar.
  • La anortosita es una roca ígnea de grandes cristales mucho más abundante en la superficie lunar, donde forma las zonas brillantes llamadas 'tierras altas'.
  • Los científicos calculan que el macizo se originó hace al menos 600 millones de años y hoy ocupa unos 100 kilómetros cuadrados.
  • Los geólogos creen que su deformación estuvo ligada a la colisión de bloques continentales que formarían Gondwana, y este tipo de estructuras permite estudiar procesos que también marcaron el pasado de la Luna.

Un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional captó una llamativa formación rocosa en el árido sur de Madagascar que guarda una sorprendente relación geológica con la Luna, informó recientemente la NASA.

La imagen, tomada el 28 de agosto, muestra el macizo de anortosita de Saririaky, una zona clara que resalta entre las rocas deformadas del entorno. La anortosita es una roca ígnea que se forma cuando el magma se enfría lentamente bajo la superficie y da lugar a grandes cristales minerales.

Aunque en la Tierra aparece solo en regiones como el este de Canadá, Escandinavia o el sur de India, este tipo de roca es mucho más abundante en la superficie lunar, donde forma las zonas brillantes conocidas como 'tierras altas'. Los científicos calculan que el macizo de Saririaky se originó hace al menos 600 millones de años, en el Precámbrico tardío, y hoy ocupa unos 100 kilómetros cuadrados.

La formación se encuentra en una zona de cizalla dúctil, donde la presión y el calor deformaron el material hasta crear estructuras alargadas de norte a sur. Los geólogos creen que este proceso estuvo ligado a la colisión de bloques continentales que acabarían formando el supercontinente Gondwana. Para los especialistas, estructuras terrestres como esta resultan valiosas porque permiten estudiar, desde la geología de la Tierra, procesos que también marcaron el pasado de la Luna.

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