El 'Plan Patriota siglo XXI', un programa de cooperación militar entre el Gobierno de Colombia y EE.UU. para combatir el narcotráfico y el terrorismo, ha encendido algunas alertas por su similitud con el fracasado Plan Colombia, una iniciativa del mismo tenor que recrudeció los niveles de violencia en el país suramericano.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella quiere abrir un nuevo capítulo en la historia de cooperación militar con Washington y llevar la lucha contra el narcoterrorismo a un nuevo nivel, apoyándose en el uso de aviones, radares, drones, labores de inteligencia y ciberdefensa.
Esta propuesta, que ha sido bandera del mandatario desde el inicio de su Administración, es vista por algunos como una oportunidad estratégica para los problemas comunes, mientras que otros las perciben como una subordinación a la Casa Blanca.
Nada nuevo en Colombia
En la nación suramericana, este tipo de planes conjuntos de seguridad con Washington no son algo nuevo, pues gobiernos anteriores han establecido acuerdos en esa materia sin los resultados esperados.
Una de estas iniciativas fue el Plan Colombia, suscrito por los expresidentes Bill Clinton (EE.UU.) y Andrés Pastrana (Colombia), en 2000, y ratificado en 2016, bajo las administraciones de Barack Obama y Juan Manuel Santos.
Los críticos del programa han señalado que en ese lapso se incrementaron las hectáreas de coca sembradas en Colombia, hubo violación de los derechos humanos, se declaró la lucha contra la insurgencia, se consolidó el paramilitarismo y se registró un incremento del tráfico de droga hacia el territorio estadounidense.
Con la llegada de Álvaro Uribe al poder, en 2002, se implementó el Plan Patriota, una ambiciosa estrategia militar contra las entonces Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que terminaron debilitadas, pero que también dejó costos humanos incalculables, con hostigamiento y persecución a la población civil.
Desde la Fundación Paz y Reconciliación destacan que la Administración de De la Espriella se ha alineado con la doctrina de Donald Trump y el Escudo de las Américas, que se enmarca en los fallidos planes anteriores en Colombia, y que consisten en ceder la soberanía, subordinar la seguridad a intereses geopolíticos de la Casa Blanca y desmontar la institucionalidad de paz, sin cumplir aún el acuerdo pactado en 2016.