La retirada por Estados Unidos de una docena de bombarderos B-1 de la base británica Fairford ante el riesgo de un ataque con drones atribuido a un presunto plan iraní puso en evidencia la vulnerabilidad de las bases del Reino Unido para proteger activos grandes y costosos, reporta The Wall Street Journal.
Funcionarios estadounidenses dijeron que contaban con datos de inteligencia sobre un posible plan para atacar los aviones con drones y otros dispositivos, lo que llevó a sacar las aeronaves de forma abrupta el domingo. La preocupación aumentó tras el arresto de cinco hombres en un bosque cercano a la base, bajo sospecha de preparar un ataque.
El episodio expuso una limitación legal: en espacios públicos, solo la Policía y funcionarios penitenciarios pueden interferir o derribar drones, no así los militares. "Hubo algunas amenazas y, en lugar de provocar al enemigo, lo capturaremos y lo derrotaremos. Pero, ¿por qué deberíamos dejarlos ahí?", dijo a la prensa el presidente de EE.UU., Donald Trump, luego de que los aviones se fueran de Fairford.
El medio también indica que las mejoras en drones están complicando las defensas tradicionales. Algunos aparatos pueden construirse para operar mediante redes de telefonía celular o cables de fibra óptica, lo que les permitiría eludir técnicas de interferencia basadas en el bloqueo de frecuencias de radio usadas por la Policía.
El Gobierno británico sostuvo que sus bases son seguras y dijo estar cambiando la ley para que el personal militar pueda rastrear, interferir y derribar drones a distancia. También anunció una inversión de 470 millones de libras (unos 620 millones de dólares) para reforzar la seguridad en instalaciones militares.
¿Qué ocurrió en Fairford?
La semana pasada, cinco hombres fueron detenidos bajo sospecha de delitos relacionados con explosivos y terrorismo en torno a las instalaciones de la base aérea de Fairford, en Gloucestershire. Posteriormente, todos ellos quedaron en libertad bajo fianza.
Las autoridades británicas sugirieron una supuesta implicación de Teherán en el incidente, insinuación que fue rechazada "categóricamente" por el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, y por la Embajada iraní en Londres.