Esta semana en Japón ha vuelto a la agenda un antiguo problema sin resolver: las agresiones de militares estadounidenses en la región del país con mayor concentración de bases de EE.UU., la prefectura de Okinawa.
La Policía detuvo el domingo al cabo Devin Jacob Ballard, de 20 años, bajo sospecha del asesinato y robo de Anna Yagi, de 39 años, en un hotel de la ciudad de Naha. El caso provocó una ola de protestas y un fuerte rechazo de las autoridades, trastocando la agenda de seguridad de la primera ministra Sanae Takaichi, reporta Eastern Herald.
"Enérgica protesta"
Las autoridades japonesas reaccionaron al crimen expresando su repudio a lo sucedido.
El gobernador de Okinawa, Genta Koja, reconoció que el crimen causó "una gran conmoción entre los residentes de la prefectura que se ven obligados a vivir junto a la base y generará nuevas inquietudes". Además, prometió que la prefectura tomará "medidas estrictas" para garantizar que no se vuelvan a repetir sucesos de este tipo.
La primera ministra Takaichi indicó el domingo que su Gobierno "presentó una enérgica protesta ante Estados Unidos y ha solicitado la máxima cooperación en la investigación, una estricta disciplina entre el personal militar estadounidense y medidas exhaustivas para prevenir la repetición de este tipo de incidentes y accidentes".
Este lunes, la mandataria fue más allá, al iniciar su discurso político ante el Parlamento con declaraciones sobre el asesinato de Yagi. Expresó sus condolencias a la familia de la víctima y volvió a enumerar las mismas medidas que la parte japonesa exigió adoptar a Washington. "Aunque la Policía esté llevando a cabo actualmente una investigación, la ocurrencia de un hecho tan atroz es sumamente lamentable", señaló.
Además, el ministro de Asuntos Exteriores, Toshimitsu Motegi, convocó al embajador estadounidense, George Glass, pidiendo plena cooperación en la investigación, mientras que el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, protestó ante el mando militar de EE.UU. en Japón, Stephen Jost.
Respuesta de Washington
Además del pésame, Washington tomó medidas disciplinarias. Desde este martes, las tropas estadounidenses quedaron bajo toque de queda durante un mes, con prohibición de consumir alcohol y con adiestramiento disciplinario.
Manifestaciones de protesta
El caso ha provocado una ola de protestas en Okinawa y Tokio.
Tras el asesinato, la noche del 4 de octubre, un centenar de personas se concentraron frente a la estación de Shinjuku, en Tokio, y aproximadamente la misma cantidad en Naha, para protestar contra los crímenes cometidos por soldados estadounidenses.
En sus carteles podían leerse frases como: "El incidente en Okinawa es responsabilidad del Japón continental, todos debemos ser conscientes de ello" y "Todos deberíamos compartir de manera equitativa la carga de las bases militares estadounidenses".
"Las personas que se manifestaron el domingo en Naha no esperaban esas respuestas. Para ellas, el caso ya va más allá de una simple habitación de hotel: se trata de saber si una mujer en Okinawa puede esperar gozar de la misma seguridad que una mujer en cualquier otro lugar de Japón, con decenas de miles de soldados extranjeros viviendo a su alrededor", recoge Eastern Herald.
Mal momento para Takaichi
"Este momento coincide de lleno con la agenda de seguridad de Takaichi", destaca el diario. El Gobierno japonés aumentó su acercamiento al Ejército estadounidense para hacer frente a China y está preparando un presupuesto de defensa récord para el año fiscal 2027.
Además, Tokio pretende trasladar las operaciones marítimas de la base aérea del Cuerpo de Marines de Futenma, en la ciudad de Ginowan, a una base en el distrito de Henoko, en la localidad de Nago. Sin embargo, hace casi tres décadas que los okinawenses se oponen firmemente a la medida.
"En lo que respecta a la alianza entre Japón y Estados Unidos, la cuestión es si, en esta ocasión, la respuesta irá más allá de las palabras", agrega el medio.
No es un caso aislado
El asesinato de Yagi no es un caso aislado. Desde hace años, la presencia de fuerzas estadounidenses en Japón ha estado marcada por repetidos incidentes en los que se ha visto implicado personal militar norteamericano. La zona más afectada es Okinawa, donde se concentra la mayor parte de sus bases.
Entre los casos recientes, destaca el de un soldado del Ejército de EE.UU. que agredió sexualmente a una mujer y le causó lesiones en abril de este año. Posteriormente, en mayo, otro militar estadounidense fue detenido bajo sospecha de haber robado una cartera y otros objetos a una conocida dentro de un taxi.
"No ha cambiado nada desde que era niña. ¿Cuántas veces más vamos a repetir lo mismo, a crear más víctimas, a hacer sufrir a sus familias y, en definitiva, a sumir en el dolor al pueblo de Okinawa?", comentó una residente local de 52 años, Ai Sato, a BBC.
"Sé que no deberíamos acostumbrarnos a cosas tan terribles como esta, pero como no dejan de ocurrir, ya no me sorprenden", señaló por su parte Akemi Oshiro, de 62 años.