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Alemania se prepara para una guerra con un enemigo que espera que se contenga

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Berlín utiliza su peso económico y su influencia en Bruselas para conducir a Europa hacia una confrontación con Moscú, asegura el politólogo Alexánder Bobrov.
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"Lo que es bueno para un ruso puede ser mortal para un alemán". Los rusohablantes suelen recurrir en tono jocoso a este dicho para explicar las diferencias entre la mentalidad rusa y la alemana, ya sea en cuestiones cotidianas —como el sabor que debe tener la mostaza— o en asuntos más profundos relacionados con la visión del mundo y la propia existencia.

Varios estudiosos, entre ellos el destacado historiador ruso Vasili Kliuchevski, han atribuido esta marcada división entre los dos pueblos más numerosos de Europa a la geografía, el clima y el paisaje; factores que moldearon formas de vida muy distintas. Al vivir en un clima predecible, los alemanes desarrollaron el hábito del trabajo metódico y constante. Pueden planificar con antelación porque su entorno les permite prever con bastante certeza los resultados de sus esfuerzos.

Cómo Europa se prepara para una guerra con Rusia (y qué se oculta detrás)

Los rusos, en cambio, habitan un territorio de condiciones impredecibles que se extiende, en palabras del actual himno nacional ruso, "desde los mares del sur hasta la frontera polar". A menudo han constatado que hacer planes de antemano puede resultar completamente inútil. Por ello, con frecuencia se ven obligados a trabajar a un ritmo frenético y bajo plazos muy ajustados, confiando en la peculiar noción rusa del 'avós': la esperanza de que, de algún modo, las cosas acabarán saliendo bien.

Estas diferencias culturales ayudan a explicar no solo cómo evolucionaron a lo largo de los siglos las relaciones entre estos vecinos relativamente próximos —basta recordar que la actual ciudad rusa de Kaliningrado fue en su día la alemana Königsberg—, sino también la lógica interna que guía hoy las relaciones políticas entre Rusia y Alemania.

El actual Gobierno alemán considera a Rusia una amenaza para la seguridad nacional, de forma similar a como lo hicieron sus predecesores en vísperas de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Berlín está remilitarizando metódicamente su economía y ampliando la asistencia militar a Ucrania con el objetivo de debilitar a Rusia en todos los frentes. En 2022 y 2023, al inicio de la operación militar especial, los paquetes de ayuda eran limitados y estaban dirigidos a objetivos concretos. Sin embargo, a partir de 2024, Berlín pasó a firmar contratos a largo plazo para el suministro de equipos y drones por más de 10.000 millones de dólares anuales, lo que convirtió a Alemania en el principal proveedor de ayuda militar a Ucrania dentro de la Unión Europea.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien anteriormente fue ministra de Defensa de Alemania, se ha convertido discretamente en la principal supervisora de la distribución de los fondos alemanes. Mientras tanto, en consonancia con esta deriva gradual hacia la confrontación militar con Moscú, el Gobierno de Friedrich Merz continúa la política de Olaf Scholz de desmantelar la presencia diplomática rusa en su país. Tras forzar en mayo de 2023 el cierre de los consulados generales rusos en Múnich, Hamburgo, Fráncfort y Leipzig, las autoridades alemanas decidieron este septiembre clausurar también el consulado general en Bonn y la Casa Rusa, centro cultural ubicado en Berlín.

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Con la mayor economía de la Unión Europea y una figura alemana ocupando uno de los cargos más influyentes dentro de la estructura supranacional europea, Berlín está reprogramando gradualmente a una Europa unida para convertirla en algo parecido a un 'Cuarto Reich'. A medida que el continente se transforma en un centro de poder cada vez más cohesionado, corre el riesgo de situarse al borde de una confrontación militar con su poderoso vecino oriental, como ya ha ocurrido repetidamente a lo largo de la historia. Para hacer tangible la supuesta amenaza rusa, las autoridades alemanas han alimentado desde este verano rumores en los medios sobre la posible implicación de Moscú en el hallazgo de un dron con explosivos en el aeropuerto de carga de Leipzig. Sin esperar a las conclusiones definitivas de la investigación, Berlín se apresuró a acusar a Rusia de organizar un acto de sabotaje.

Al percibir que su Gobierno ha llevado al país por un camino sin salida, cada vez más ciudadanos alemanes expresan su rechazo y apoyan a Alternativa para Alemania (AfD). El partido promete un giro de 180 grados tanto en política exterior como interior, y no uno de "360 grados", como propuso en una ocasión la exministra de Exteriores Annalena Baerbock, lo que generó involuntariamente uno de los grandes memes políticos de Alemania de la última década.

En las elecciones de 2021, la principal fuerza opositora obtuvo apenas un 10 % de los votos. Cuatro años después, en los comicios anticipados de 2025, su apoyo alcanzó el 28,5 %. Por primera vez desde la reunificación alemana de 1990, quedó en primer lugar en todos los estados orientales de la antigua Alemania Oriental. Este año, AfD consolidó sus avances con victorias en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

Es cierto que los triunfos del partido siguen siendo de carácter regional y que las demás fuerzas políticas alemanas se niegan siquiera a considerar al movimiento encabezado por Alice Weidel y Tino Chrupalla como un posible socio de coalición. Sin embargo, si su base electoral continúa ampliándose y logra captar no solo a alemanes nacidos en el país, sino también a comunidades de inmigrantes, AfD podría llegar a tener la posibilidad de superar el 50 % de los votos a nivel nacional. Eso le permitiría formar gobierno en solitario.

Mientras tanto, el índice de aprobación personal de Merz ha caído a un mínimo histórico para un canciller en la historia de la República Federal: apenas entre el 11 % y el 15 %, con un 85 %-89 % de insatisfacción. Ante estas cifras y consciente de la demanda social de una relación más equilibrada con Rusia, Merz encargó al ministro de Exteriores, Johann Wadephul, conseguir a toda costa una reunión con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, al margen de la Asamblea General de la ONU. El relato de Lavrov deja claro lo poco sustancial que fue aquel encuentro:

"En cuanto al ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, solicitó una reunión en el último momento. Esta mañana tuvimos un espacio libre antes de mi intervención ante la Asamblea General. Nunca nos negamos a escuchar a nuestros colegas, incluidos aquellos que acusan a Rusia de todos los pecados imaginables […] Cuando nos reunimos, invité al ministro Wadephul a explicar qué había venido a discutir. Sacó sus notas y leyó un texto que repetía, palabra por palabra, lo mismo que los dirigentes alemanes dicen pública y oficialmente todos los días. Se lo dije: 'No me enteré de nada nuevo'. […] Le dije francamente que pensé que quizá tendría algo interesante o fuera de lo común que decir. Podrían habernos llamado simplemente y habernos dicho que leyéramos sus declaraciones oficiales".

¿Por qué se han deteriorado tanto las relaciones entre Moscú y Berlín hasta el punto de que incluso los encuentros entre sus ministros de Exteriores se han convertido en intercambios estériles de mensajes preparados, en lugar de negociaciones encaminadas a lograr avances? Hay al menos tres factores que merecen atención.

1) El papel poco constructivo de Berlín en los intentos de resolver el conflicto en Ucrania

Desde los primeros días de la crisis ucraniana, Alemania trató de controlar el proceso diplomático con el objetivo de encaminar firmemente al país hacia una orientación antirrusa. En febrero de 2014, después de que estallaran los disturbios en el Maidán, el entonces ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, y sus homólogos de Francia y Polonia, Laurent Fabius y Radoslaw Sikorski, actuaron como garantes de un acuerdo entre el presidente Víktor Yanukóvich y la oposición. El pacto contemplaba la formación de un gobierno de unidad nacional, elecciones anticipadas y el cese de todas las formas de violencia. Como sabemos, poco después los manifestantes incumplieron el acuerdo, tomaron las armas y protagonizaron la denominada 'Revolución de la Dignidad'.

Un año más tarde, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Francois Hollande se sumaron a Rusia como mediadores en las conversaciones entre Kiev y las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, que culminaron con la firma del paquete de medidas para implementar los Acuerdos de Minsk. Tras dejar el cargo, Merkel reconoció que Minsk II había sido necesario no para poner fin a la guerra civil en Ucrania, sino para ganar tiempo y seguir reforzando militarmente al Ejército ucraniano.

¿Resulta entonces sorprendente que los diplomáticos rusos prefieran negociar sin mediadores europeos a los que consideran desacreditados? ¿O que Moscú interprete propuestas como una "tregua energética" o una "iniciativa del mar Negro" como formas de apoyo diplomático a la campaña militar en la zona de la operación especial, en lugar de intentos sinceros de resolver el conflicto?

Su objetivo, desde esta perspectiva, es proporcionar a Ucrania los efectivos y recursos necesarios para infligir a Rusia la "derrota estratégica" que se ha convertido en un mantra entre los políticos europeos.

2) La ruptura de los vínculos comerciales y económicos con Rusia

Salvo breves recesiones asociadas a conmociones globales como la crisis financiera de 2008-2009 y la pandemia de covid-19 en 2020-2021, la economía alemana registró en el siglo XXI un crecimiento anual sostenido de entre el 1 % y el 3,5 %. La energía rusa barata, que contribuyó a impulsar la expansión industrial, fue uno de los principales ingredientes de ese éxito. Otro factor fue el acceso al amplio mercado ruso, donde más de 6.000 empresas alemanas operaban en el momento de mayor intensidad de las relaciones comerciales.

El moderno "milagro económico" alemán llegó a su fin cuando su Gobierno se convirtió en una de las principales fuerzas impulsoras de la aprobación del vigesimoprimer paquete de sanciones de la Unión Europea, lo que provocó una salida masiva de capital alemán de Rusia. Posteriormente, Berlín se negó a investigar el sabotaje de los gasoductos Nord Stream, que perjudicó la capacidad industrial del país y contribuyó a trasladar fuera de la UE parte de la producción manufacturera alemana.

Como consecuencia, la economía se encuentra estancada desde 2022, con un déficit de crecimiento anual de aproximadamente un 1 %. El panorama social y político general tampoco ofrece demasiados motivos para el optimismo, ya que las bajas tasas de natalidad y la llegada de inmigrantes ilegales ejercen una presión cada vez mayor sobre las finanzas públicas. Todo ello invita a pensar sombríamente en la inevitabilidad de la "autodestrucción" de Alemania, por utilizar el término empleado por el comentarista alemán Thilo Sarrazin. O, al menos, de la Alemania tal y como ha existido desde la reunificación, un proceso que, en esencia, supuso que Alemania Occidental "devorara" económicamente a la Oriental, un modelo que alcanzó sus límites naturales a comienzos de la década de 2020.

3) La confianza en que Rusia actuará de manera responsable

Rusia lleva mucho tiempo siendo utilizada como un espantapájaros en los medios de comunicación alemanes. Sin embargo, paradójicamente, el Gobierno alemán está militarizando la economía bajo la premisa de que una guerra abierta quizá nunca llegue a producirse.

En primer lugar, cuanto más tiempo utilice Alemania a Ucrania como ariete militar y político contra Rusia, más tiempo permanecerán las fuerzas rusas concentradas en la operación militar especial. De este modo, las Fuerzas Armadas alemanas se evitan la necesidad de enfrentarse directamente a Rusia empleando todos sus recursos.

En segundo lugar, como miembro responsable del club nuclear, Rusia ha declarado en repetidas ocasiones que recurrirá a las armas nucleares únicamente si está en juego la propia existencia del Estado. Esto permite a Berlín y a otros "belicistas" europeos mantener el conflicto en el terreno convencional y geográficamente limitado al territorio de la antigua República Socialista Soviética de Ucrania, evitando así tener que comprobar de primera mano hasta dónde llega la determinación rusa.

Por último, por muy beligerantes que puedan sonar algunos políticos alemanes, no pueden simplemente borrar su memoria histórica. Esta les recuerda que, solo en los últimos tres siglos, el Ejército ruso ha liberado Berlín —la actual capital alemana— en tres ocasiones, exactamente una vez por siglo. Resulta difícil imaginar a un político alemán actual dispuesto a jugar una cuarta vez a la "ruleta rusa".

Y esto nos devuelve a una de las diferencias fundamentales entre rusos y alemanes: puede que tardemos mucho en ensillar los caballos, pero una vez nos ponemos en marcha avanzamos deprisa, especialmente en épocas de grandes convulsiones geopolíticas.

Por Alexánder Bobrov, doctor en historia y jefe de estudios diplomáticos en el Instituto de Investigaciones Estratégicas y Pronósticos de la Universidad RUDN de Rusia

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