Las protestas de integrantes de la comunidad garífuna en los Cayos Cochinos, un archipiélago protegido del Caribe hondureño, han alterado la grabación de 'Supervivientes All Stars', el popular 'reality' español de Telecinco. Las movilizaciones denuncian problemas relacionados con los derechos territoriales de la comunidad y la gestión ambiental de la zona, según La Vanguardia.
El conflicto excede al programa televisivo. La comunidad garífuna de Cayos Cochinos reclama desde hace años una mayor participación en las decisiones sobre el territorio. En marzo pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró responsable al Estado de Honduras por vulnerar derechos de esa comunidad, entre otras razones, por la falta de una consulta previa, libre e informada sobre actuaciones que la afectaban.
'Supervivientes' graba parte de su contenido en Cayo Menor y mantiene un acuerdo con la Fundación Cayos Cochinos para desarrollar allí sus actividades. La productora Cuarzo sostiene que posee las autorizaciones correspondientes y destaca que el programa también genera puestos de trabajo para habitantes de la zona.
A las reivindicaciones territoriales se suma la preocupación ambiental. Los Cayos Cochinos albergan especies protegidas como la tortuga carey y las protestas coinciden con su temporada de desove. Los manifestantes cuestionan la presencia del programa, mientras la producción asegura que selecciona las localizaciones teniendo en cuenta informes científicos y las zonas de anidación.
La tensión escaló cuando un grupo de manifestantes llegó a Cayo Menor, ingresó en la zona de convivencia de los concursantes y posteriormente instaló tiendas de campaña en la costa. La Policía y las fuerzas militares hondureñas intervinieron entonces para desalojar la concentración y expulsar a los manifestantes de la isla, mientras efectivos permanecieron en el litoral para impedir su regreso.
Así, la polémica alrededor de 'Supervivientes' ha dado visibilidad internacional a un conflicto mucho más profundo que un programa de televisión: confluyen las históricas reivindicaciones territoriales de los garífunas, la conservación de un ecosistema especialmente sensible y los intereses de una producción internacional que lleva años utilizando los Cayos Cochinos como escenario.