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OTAN 3.0: el plan que obliga a Europa a pagar más

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La organización está experimentando cambios importantes que ya están provocando un deterioro del nivel de vida de los ciudadanos europeos y podrían desembocar en un conflicto catastrófico con Rusia.
OTAN 3.0: el plan que obliga a Europa a pagar más

El Comité Militar de la OTAN se reúne en Copenhague este 18 y 19 de septiembre. Presidido por el almirante italiano Giuseppe Cavo Dragone, el comité, que es la máxima autoridad militar de la alianza, tiene la tarea de convertir los objetivos estratégicos del bloque en planes ejecutables.

Aunque la OTAN mantiene en secreto la agenda de la reunión, si se tienen en cuenta las decisiones políticas adoptadas desde la cumbre de la alianza celebrada en Ankara en julio, el objetivo general de la reunión resulta más claro: desarrollar el plan de la organización para militarizar Europa de acuerdo con el concepto de OTAN 3.0 y preparar a la región para una potencial guerra con Rusia, al tiempo que se protege a Estados Unidos de las consecuencias del conflicto.

¿Qué es la OTAN 3.0?

El concepto 'OTAN 3.0', acuñado por el subsecretario de Guerra de EE.UU. para Política, Elbridge Colby, supone una reformulación del pacto de la Guerra Fría basada en el principio de "EE.UU. primero". En un discurso pronunciado ante los ministros de Defensa del bloque en febrero, Colby explicó que, en adelante, EE.UU. se concentrará en prepararse para un posible enfrentamiento con China en la región del Indopacífico, mientras que los miembros europeos de la OTAN deberán "asumir la responsabilidad principal de la defensa convencional de Europa".

Según este esquema, Europa aumentará su gasto militar hasta el objetivo actual de la OTAN, equivalente al 5 % del PIB, y pasará a niveles de producción de defensa propios de tiempos de guerra, explicó Colby, mientras que EE.UU. conservaría el control sobre las armas nucleares de la alianza.

En la cumbre de Ankara en julio, el secretario general de la organización, Mark Rutte, presentó este acuerdo unilateral como una victoria para Europa. "Estamos reequilibrando nuestra seguridad para mejor, de eso trata precisamente la OTAN 3.0", sostuvo. Sin embargo, en los meses transcurridos desde entonces, Rutte y los líderes europeos de la alianza han dejado ver lo que este cambio significa realmente para el continente.

Cambios en la estructura militar de la OTAN

Por un lado, la organización ha experimentado cambios importantes en lo que respecta al papel de los países europeos. Aunque el comandante supremo aliado en Europa continúa siendo un representante de EE.UU., todos los mandos regionales han pasado a estar dirigidos por militares europeos. La agrupación JFC Norfolk (en Virginia, EE.UU.), responsable del Atlántico, quedó bajo el mando de Reino Unido. La agrupación JFC Naples (Nápoles, Italia), responsable del flanco sur y del Mediterráneo, pasó a estar dirigida por Italia. El mando de JFC Brunssum (Brunssum, Países Bajos), responsable del flanco oriental, está ahora a cargo de Alemania y Polonia de manera alterna, mediante un sistema de rotación.

Al mismo tiempo, Washington asumió el liderazgo de los tres componentes estratégicos de nivel inferior. EE.UU. mantuvo el control de los mandos aéreo (Ramstein) y terrestre (Izmir), y además se hizo por primera vez con el mando naval de la alianza (MARCOM) en Northwood, anteriormente dirigido por los británicos.

En la práctica, esto significa que, en caso de guerra, las decisiones sobre cómo llevar a cabo las operaciones militares serán tomadas por los europeos, mientras que los estadounidenses decidirán por su cuenta cómo ejecutar exactamente esas órdenes. Además, cualquier decisión adoptada por un mando regional sigue requiriendo la aprobación del comandante supremo aliado en Europa, es decir, del representante estadounidense.

Dimensión económica

Si desde el punto de vista institucional resulta evidente que la OTAN se está volviendo más "europea", en cuanto a sus capacidades militares reales, la situación es más compleja y varía de un país a otro.

Algunos países, siguiendo las exigencias del presidente de EE.UU., Donald Trump, están aumentando gradualmente su gasto militar y avanzando hacia el objetivo del 5 % de su PIB, justificándolo con el argumento de una supuesta amenaza rusa. Sin embargo, el único modo de incrementar la inversión en defensa es recortar el gasto en el ámbito social, por lo que los gobiernos tienen que pagar un precio político.

El ejemplo más ilustrativo es Alemania, donde, en medio del aumento del gasto en defensa y la reducción de las prestaciones sociales, disminuye la popularidad del partido gobernante y del propio canciller Friedrich Merz, mientras aumenta la popularidad de Alternativa para Alemania.

Otros países, como Italia, también afirman seguir el rumbo hacia un aumento del gasto militar, pero lo hacen mediante "maniobras contables". Así, en los documentos oficiales italianos se contabilizan como gastos de defensa los costes de construcción de un puente sobre el estrecho de Mesina (ya que por él podrían circular tanques), las actividades de la Guardia Costera (cuya principal tarea es el control de la migración) y el funcionamiento de la Policía financiera. Este enfoque no conducirá a un aumento real de la capacidad militar del país ni del conjunto de la Alianza Atlántica.

Una tercera categoría está formada por los países que se oponen abiertamente al aumento del gasto militar y que, por ello, se enfrentan a una presión creciente por parte de Washington. El ejemplo más ilustrativo es España, a la que el presidente estadounidense ha amenazado con un embargo comercial total.

Catastróficas consecuencias 

Desde el punto de vista de la gestión y el mando, la OTAN se está volviendo efectivamente más europea, aunque se mantiene un grado considerable de control por parte de Washington. En cuanto al aumento de la capacidad militar de Europa, la región sigue estando lejos de la "autonomía estratégica" respecto de EE.UU. de la que hablaba el presidente francés, Emmanuel Macron. Sin embargo, los ciudadanos de a pie ya están pagando las consecuencias.

Además, los líderes europeos todavía no son plenamente conscientes de las consecuencias reales de seguir una política de confrontación con Rusia.

El país euroasiático posee el mayor arsenal nuclear del mundo y, en una contundente advertencia, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró que "si Europa, que habla a diario de prepararse para una guerra contra Rusia, ataca a Rusia, será una guerra completamente diferente y será muy corta".

Los expertos advierten sobre la lógica inherentemente peligrosa del nuevo concepto de Alianza Atlántica. "Lo que es aún más importante es que la OTAN 3.0 se encuentra claramente a la ofensiva, con objetivos muy concretos. La estrategia de las élites europeas hacia Rusia ya no es la disuasión, como en los tiempos de la Guerra Fría; el objetivo es la destrucción de Rusia como gran potencia", opinó Dmitri Trenin, el presidente del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia.

El analista también advirtió sobre las posibles consecuencias para Europa. "El error fundamental del pensamiento europeo es su creencia de que Rusia preferiría aceptar la derrota, la degradación y la desintegración antes que utilizar el arsenal del que dispone actualmente. Este arsenal no se limita a las armas nucleares, aunque puede llegar un momento en el que haya que recurrir a ellas", destacó.

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