Una dieta occidental poco saludable podría acelerar el deterioro cognitivo en personas que presentan mayor riesgo genético de desarrollar alzhéimer, según un estudio de la Universidad de Murdoch (Australia) publicado este martes.
La investigación, difundida en la revista Nutrients, utilizó datos de un estudio anterior y siguió durante más de siete años a 185 adultos mayores de la ciudad australiana de Perth. Ninguno de los participantes tenía demencia diagnosticada al inicio del estudio. Los autores analizaron sus hábitos alimentarios y evaluaron distintos dominios cognitivos: atención, memoria, lenguaje, función ejecutiva, memoria de reconocimiento y capacidad cognitiva general.
El equipo agrupó la alimentación en dos patrones. Por un lado, la dieta occidental, caracterizada por alimentos como carne roja y procesada, pizza, papas fritas, dulces, cereales refinados y cerveza. Por otro, la dieta saludable, compuesta por frutas, verduras, hojas verdes, ajo y cereales integrales. Además, se examinó la presencia de la variante APOE ε4, considerada el principal factor de susceptibilidad genética al alzhéimer.
Una conclusión inquietante
Según la autora principal, la doctora Carolina Blagojevic Castro, el objetivo era comprobar si los alimentos consumidos habitualmente podían estar relacionados con la evolución de las capacidades mentales durante el envejecimiento.
"Nuestro hallazgo principal fue que entre las personas portadoras del alelo [una variante de un gen] APOE ε4, una mayor adherencia a un patrón dietético occidental se asoció con un deterioro más rápido de la atención a lo largo del tiempo", señaló Blagojevic Castro. También destacó que "uno de los hallazgos más interesantes fue que la asociación con el deterioro cognitivo no se observó en todo el grupo, sino que emergió específicamente entre los portadores de APOE ε4".
Los investigadores no hallaron asociaciones significativas entre el patrón alimentario más sano y el deterioro cognitivo, ni entre la dieta occidental y el deterioro en quienes no portaban esa variante genética. Para Blagojevic Castro, esto refuerza la idea de que la relación entre alimentación y salud cerebral no funciona igual para todos. "Lo que comemos puede ser una parte de un panorama mucho más amplio del envejecimiento cerebral saludable", sugirió.
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