Con su séptima candidatura presidencial, Luiz Inácio Lula da Silva pone a prueba una mítica historia que incluye una infancia en extrema pobreza, luchas sindicales, varios años de cárcel, un regreso triunfal, el freno a una intentona golpista de Estado y un papel protagónico en el devenir latinoamericano.
A sus 80 años, el líder que sacó a Brasil del mapa del hambre enfrenta el desafío de alcanzar un inédito viraje el próximo 25 de octubre. Su principal adversario es Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022).
"El resultado, a menudo, es inesperado", declaró Lula al inicio de su discurso. "Nunca se consigue todo lo que uno quería. Les confieso que estaba convencido de que ganaría las elecciones en la primera vuelta", admitió.
🇧🇷 Lula da Silva: "Nosotros vamos a ganar estas elecciones"
— LOS VIDEOS DE ERRETE (@videoserrete) October 5, 2026
Contrario a lo que se esperaba según los sondeos, Lula quedó por detrás del senador conservador, quien cerró a la cabeza de la primera vuelta por estrecho margen. pic.twitter.com/DCVX7DrMEW
Aludió a la "biografía tenebrosa" de Bolsonaro e indicó que desde este lunes se pondrá en marcha su campaña electoral. "Es el momento de mostrar la verdadera imagen del Brasil actual y del Brasil que queremos", afirmó. Al final de su discurso, animó a sus bases: "Nosotros vamos a ganar estas elecciones".
La elección no pudo definirse en primera vuelta, ya que ninguno de los aspirantes logró más del 50 % de los votos, una condición que obliga a la celebración de un segundo turno entre los dos candidatos más respaldados en las urnas. Con 99,34 % de los sufragios escrutados, Bolsonaro logró 47,16 % de los apoyos, frente al 45,01% conquistado por Lula.
Más que una elección
El próximo reto de Lula en las urnas pone a prueba un legado que lo sostiene como uno de los pocos presidentes de izquierda que siguen en pie en la región y que ha marcado distancia del inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.
De hecho, semanas antes de la elección, Lula encaró al mandatario estadounidense, a quien acusó de presunta injerencia electoral. Las acusaciones han subido de tono, no solo por la cercanía de Trump con el clan Bolsonaro, sino por la guerra arancelaria declarada por EE.UU. contra Brasil y que se ha convertido en un elemento clave de su campaña.

Nacido en 1945, en el nordeste brasileño, Lula es el séptimo hijo en una familia de ocho hermanos, criados por padres que no sabían leer ni escribir. Su infancia estuvo marcada por la violencia paterna, el hambre y el trabajo, ya que tuvo que dedicarse desde muy niño a la labor de lustrabotas y vendedor ambulante.
En la adolescencia se inscribió en un curso para tornero mecánico; de a poco, se insertó en la industria metalúrgica como un simple obrero. Sus primeros años en el oficio lo dejaron marcado por un accidente que provocó que le amputaran el dedo meñique de su mano izquierda.
Muy pronto se sumergió en las protestas y huelgas sindicales que asolaron a la dictadura militar (1964-1985). En los años 70 fue secretario del Sindicato Metalúrgico de Sao Bernardo do Campo, en la región metropolitana de Sao Paulo y luego fundó junto con otros compañeros el Partido de los Trabajadores (PT), que a la larga sería uno de los partidos más importantes de Brasil.
En 1986, con la democracia ya recuperada, Lula ganó una diputación. Su popularidad despuntaba. Tres años más tarde encabezó su primera campaña presidencial, pero perdió en segunda vuelta frente a Fernando Collor de Melo.

La primera victoria
La derrota volvió a acompañarlo en 1994, en su segundo intento, ya que Fernando Henrique Cardoso ganó en primera vuelta. En 1998, el resultado fue el mismo. Los fracasos electorales se acumulaban, pero no se desalentó. En vez de eso, se consolidó como el líder de la oposición en Brasil y, en 2003, tras su cuarta campaña, asumió la presidencia.
Lula gobernó durante dos periodos consecutivos, hasta 2010, y dejó el poder con una popularidad y prestigio internacional. Brasileños y extranjeros reconocían la proeza de haber sacado a millones de personas de la pobreza, así como un liderazgo político que logró que la izquierda retuviera el poder en las elecciones de 2010 y en 2014, con Dilma Rousseff como candidata.
En 2016, un cuestionado juicio político terminó con la destitución de Rousseff, mientras de manera paralela avanzaban denuncias contra Lula en el marco de la causa de Lava Jato, uno de los escándalos de corrupción más graves en la historia de Brasil.

La condena y el regreso
En julio de 2017, el juez Sergio Moro condenó a Lula a nueve años y seis meses de prisión, por lo que quedó inhabilitado para participar en las elecciones de 2018, que ganó Bolsonaro. El líder petista siempre negó las acusaciones y alegó que era víctima de una conspiración para impedir que se presentara a los comicios.
Lula pasó 580 días en prisión hasta que fue liberado en noviembre de 2019. En marzo de 2021, la anulación formal de las condenas en su contra le permitió recuperar sus derechos políticos y preparar su sexta campaña rumbo a las elecciones de 2022, en las que el patriarca de los Bolsonaro planeaba elegirse.
Pero Bolsonaro no logró un segundo mandato. En una ajustada segunda vuelta, Lula ganó con el 50,9 % de los votos. Siete días después de asumir el poder, su liderazgo fue puesto a prueba cuando simpatizantes de Bolsonaro asaltaron el Congreso y la Corte Suprema, en un intento de golpe de Estado incentivado por su antecesor, según el fallo judicial.
El año pasado, Bolsonaro fue condenado por golpista, por lo que su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, decidió lanzarse a la presidencia. Aunque la mayoría de las encuestas vaticinaban que llegaría segundo en un primer turno, el delfín político del exmandatario conservador ahora corre como favorito al balotaje con la promesa de "cuidar a Brasil" y declarar el "fin" del PT.
Lula, por su parte, asegura que echará el resto: "Nosotros vamos a ganar estas elecciones". Si lo logra, será la primera vez que un candidato presidencial que va de segundo, logre imponerse en un balotaje; en caso contrario, el Palacio de Planalto inscribirá a los Bolsonaro como la inédita "dinastía política" del gigante suramericano.


