¿Qué es el 'brazo largo de China' y cómo lo implementa Pekín?

El gigante asiático quiere empezar a utilizar las reglas internacionales para moldear el entorno a su favor, según The Economist.

China amplía cada vez más el alcance de su legislación fuera de sus fronteras, según informó The Economist el jueves.

El gigante asiático busca utilizar las reglas internacionales para moldear el entorno a su favor, escribe el medio. Así, Pekín busca utilizar su peso económico y su posición en las cadenas de suministro globales para hacer cumplir sus propias normas más allá de su territorio.

"En el siglo XIX, eran las potencias coloniales las que se negaban a someterse a las leyes chinas en los puertos chinos que controlaban. En el siglo XXI, es Estados Unidos quien impone su voluntad más allá de sus fronteras, mediante sanciones y controles de exportación, contra los países que le resultan desagradables. Resulta aún más llamativo, entonces, que China ahora quiera jugar al juego extraterritorial", se subraya en el análisis del medio.

Un ejemplo reciente es el caso de Meta* y la empresa de inteligencia artificial Manus. En abril, China obligó a Meta a abandonar un acuerdo de unos 2.000 millones de dólares para adquirir la 'start-up', registrada en Singapur. Este episodio se suma a nuevas normas destinadas a controlar los flujos de tecnología de inteligencia artificial, explica la revista. Desde 2021, China también ha aprobado leyes para impedir que empresas extranjeras cumplan determinadas sanciones impuestas por otros países que Pekín considera ilegales.

Sin embargo, estas medidas podrían plantear un problema para las multinacionales, que corren el riesgo de quedarse atrapadas entre legislaciones contradictorias. La disputa por licencias entre la surcoreana Samsung y la china ZTE, con sentencias diferentes de tribunales británicos y chinos sobre una disputa comercial, ilustra los riesgos de esta situación. Para las compañías extranjeras, ignorar las decisiones de los tribunales del gigante asiático puede tener consecuencias especialmente graves debido a su dependencia del mercado y de los proveedores chinos, apunta la revista.

El análisis de The Economist sale a la luz en un contexto de crecientes tensiones entre Pekín y Washington. China ha acusado repetidamente a Estados Unidos de intentar intervenir en sus asuntos internos y de utilizar sus herramientas económicas y tecnológicas para ejercer presión sobre empresas y ciudadanos chinos. Estas disputas reflejan un enfrentamiento cada vez más amplio por las reglas que deben regir la economía global y el uso de la tecnología, en el que el gigante asiático acusa al país norteamericano de ser "el mayor imperio mundial de piratería informática y vigilancia".

*Calificada en Rusia como organización extremista, cuyas redes sociales están prohibidas en su territorio.