Caída al abismo: el empleo en la industria automotriz alemana se desploma a mínimos de los últimos 20 años

Una de las causas de esta tendencia radica en la competencia por parte de China.

La industria automovilística alemana registra su nivel de empleo más bajo en 20 años, reportó el viernes pasado la Oficina Federal de Estadística. 

Al cierre del primer semestre de 2026, el sector contaba con 42.300 trabajadores menos que un año antes, lo que representa una caída del 5,8 %, la mayor caída entre todos los principales sectores industriales. El ámbito automotriz cuenta actualmente con 691.500 trabajadores, el nivel mínimo desde el 2005. 

El sector de fabricación de vehículos y motores mostró uno de los peores resultados: el número de empleados disminuyó un 6,1 % en comparación con el año pasado. Mientras que el de fabricación de componentes y accesorios, por su parte, mostró una reducción de 7,6 %. 

Según reportaron medios, el declive de la industria automotriz alemana está relacionado con el éxito de China. Thomas Puls, economista sénior del Instituto Económico Alemán, afirmó que el impacto de Pekín ha afectado sobre todo al ámbito financiero. En comparación con 2019, Alemania pasó a exportar a China entre 150.000 y 200.000 automóviles menos. Al mismo tiempo los modelos chinos fortalecen sus posiciones en el mercado de automóviles europeo. Por eso, la industria alemana considera a China como una de las principales amenazas para su futuro. 

El impacto del fin de la energía rusa barata

Uno de los factores que más ha cambiado el panorama para los fabricantes europeos ha sido el aumento del precio de la energía. Tras su boicot a los tradicionales flujos energéticos procedentes de Rusia, Europa ha incrementado su dependencia de alternativas más costosas, entre ellas el gas natural licuado importado desde Estados Unidos.

La fabricación de automóviles requiere enormes cantidades de energía, especialmente para producir acero, aluminio, productos químicos y baterías. Como consecuencia, el encarecimiento energético ha repercutido sobre toda la cadena de suministro, elevando el coste final de los vehículos y reduciendo los márgenes de beneficio de los fabricantes.