La oficina personal del primer ministro del Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), Masrour Barzani, fue atacada este lunes con drones de origen iraní, informó el propio mandatario en su cuenta de la red social X. El ataque también tuvo como objetivo la residencia del jefe de la Agencia de Seguridad e Inteligencia de la región.
Según informó Barzani, una investigación de la Unidad de Contraterrorismo del Kurdistán determinó que los drones utilizados en el ataque provenían de Irán. "Condeno estos ataques imprudentes e inaceptables en los términos más enérgicos", escribió el funcionario.
Barzani advirtió que esta acción representa "una peligrosa escalada y una amenaza directa a la seguridad y la estabilidad de la región del Kurdistán". No obstante, aseguró que estos incidentes no impedirán que su Gobierno continúe con sus funciones y con la protección de los ciudadanos.
Hasta el momento, Irán no ha emitido ninguna declaración oficial que confirme o desmienta su implicación en el ataque.
El factor kurdo
Teherán considera a los grupos opositores kurdos como una amenaza persistente para su seguridad. Esta etnia, que carece de Estado propio y se encuentra dispersa entre Turquía, Irak, Siria e Irán, ha protagonizado múltiples levantamientos en territorio iraní y mantiene un histórico reclamo separatista. Según medios estadounidenses, la Administración Trump evaluó la posibilidad de utilizar a estas milicias kurdas en una invasión contra Irán, con el fin de desestabilizar y provocar el colapso del gobierno persa, aunque el plan nunca se llevó a cabo.
Al inicio del conflicto con el país persa, Estados Unidos mantenía un despliegue militar significativo en el Kurdistán iraquí, una región semiautónoma en el norte de Irak. Para Irán, esta zona reviste una importancia estratégica por tres razones principales: limita con su territorio, alberga a grupos opositores kurdos y podría servir como base para operaciones de sus adversarios. Sin embargo, Washington y Bagdad acordaron la retirada completa de las tropas estadounidenses de Irak, cuyo plazo final está fijado para el 30 de septiembre de 2026. Además, Teherán teme que potencias hostiles instrumentalicen a la población kurda que reside dentro de sus propias fronteras, en la zona limítrofe con Irak, para desestabilizar la situación interna del país.



