Por qué el FBI trabaja con China y Rusia, pese a todo lo que los separa

En un mundo que ya no gira en torno a una sola potencia dominante, la capacidad de entenderse con socios no tradicionales deja de ser una debilidad y pasa a ser un activo, indica el analista Ladislav Zemánek.

En una era definida por la feroz competencia geopolítica, el director del FBI, Kash Patel, ha trazado un rumbo que da prioridad al pragmatismo y a los resultados.

Al construir asociaciones policiales selectivas pero sustanciales con China y Rusia, la oficina está demostrando que las grandes potencias pueden dejar de lado diferencias más profundas para hacer frente a la delincuencia transnacional que pone en peligro a los ciudadanos de todas partes.

Este avance merece ser reconocido como un enfoque maduro y basado en intereses, que muestra que una gobernanza eficaz en un mundo multipolar exige la capacidad de cooperar siempre que ello reporte beneficios concretos.

Rompiendo el hielo con Pekín

El acercamiento de Patel a sus homólogos chinos supone una clara ruptura con años de una congelación casi total de los contactos policiales de alto nivel. En noviembre de 2025 se convirtió en el primer director del FBI en visitar China desde 2016, y se reunió con el viceministro de Seguridad Pública, Xu Datong. Regresó en julio de 2026 para mantener conversaciones con el consejero de Estado y ministro de Seguridad Pública, Wang Xiaohong.

Los funcionarios chinos han abogado por profundizar un diálogo constructivo basado en el respeto mutuo. Según Patel, los resultados fueron posibles gracias al contacto directo bajo el liderazgo de la actual Administración. La relación no surgió de la noche a la mañana: llegó después de la visita del presidente Donald Trump a China en mayo de 2026 y de los posteriores entendimientos de alto nivel sobre los precursores del fentanilo. Lo relevante es que ambas partes optaron por institucionalizar la apertura en lugar de dejar que siguiera siendo un gesto diplomático aislado.

Institucionalizar la cooperación cotidiana

Cuatro grupos de trabajo específicos funcionan ya en materia de fraude cibernético, delitos violentos contra menores, lucha antinarcóticos y una unidad especial para la captura de prófugos. Agentes del Ministerio de Seguridad Pública chino viajan a instalaciones del FBI en Estados Unidos con una rotación mensual; el personal del FBI realiza viajes recíprocos a China. Los responsables de ambas partes informan que mantienen una comunicación casi diaria, una intensidad de contacto que no existía desde hacía años.

Este intercambio constante ya ha dado resultados operativos. Una acción conjunta destacada, la operación 'Sand Dollar', reunió al FBI, al Ministerio de Seguridad Pública de China y a la Policía de Dubái contra un importante centro de estafas cibernéticas. La operación se saldó con unas 300 detenciones, la incautación de aproximadamente 300 millones de dólares y la liberación de miles de trabajadores víctimas de trata. Resultados como estos ilustran el valor práctico de tratar determinadas redes criminales como problemas compartidos y no como ámbitos exclusivos de competencia.

Patel ha sido explícito sobre la filosofía que guía este trabajo. Ha señalado que la decisión de buscar la cooperación con China pese a que casi todos aconsejaban lo contrario demuestra lo que es posible con prácticamente cualquier interlocutor: "El hecho de que lo hiciéramos con China cuando todos decían 'no lo hagas' y 'no puedes hacerlo' muestra lo que podemos hacer con casi cualquiera".

Las asociaciones se limitan deliberadamente a categorías concretas de delincuencia transnacional; no pretenden resolver desacuerdos estratégicos más amplios. Esa claridad de alcance las hace sostenibles en las circunstancias actuales.

Abrir un canal con Moscú

El mismo enfoque pragmático se está aplicando a Rusia. Patel prepara una visita a Moscú y San Petersburgo, prevista tentativamente para mediados de octubre, en la que se espera que el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) actúe como anfitrión. El último director del FBI en ejercicio que se sabe que viajó a Rusia fue Robert Mueller en 2013. El viaje previsto de Patel se apoya en una colaboración más discreta que ya lleva más de un año en marcha contra redes criminales violentas.

Este acercamiento se produce en el contexto del esfuerzo más amplio de Trump por reducir las tensiones con Moscú. El enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner han realizado repetidas visitas, incluidas reuniones con el presidente ruso, Vladímir Putin, y se prevén nuevos contactos. El enviado especial de Putin para la inversión extranjera y la cooperación económica, Kiril Dmítriev, ha acogido públicamente con satisfacción la incipiente cooperación entre China, Rusia y Estados Unidos en materia de inteligencia y aplicación de la ley, lo que indica que Moscú valora ese canal.

Señales complementarias en todo el Gobierno

La iniciativa de Patel no es un hecho aislado. El jefe de política del Pentágono, Elbridge Colby, considerado desde hace tiempo un defensor de la línea dura con China, ha manifestado un claro interés en visitar el país y revitalizar los lazos militares profesionales. La disposición de Colby a explorar el contacto directo señala una evolución importante: incluso quienes más se centran en la competencia estratégica reconocen ahora que unos canales sostenidos de comunicación y cooperación en cuestiones concretas pueden reducir los riesgos de error de cálculo y abrir espacio para la resolución práctica de problemas.

El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, también ha mostrado apertura a restablecer canales fiables de comunicación militar con Pekín. Así, ha subrayado públicamente la necesidad de reactivar las líneas directas militares y los mecanismos de gestión de crisis entre Estados Unidos y China que se habían atrofiado en los últimos años. Estos pasos no se presentan como concesiones, sino como herramientas para gestionar la competencia de forma responsable, garantizando que los incidentes rutinarios en el mar o en el aire no deriven en confrontaciones mayores.

En conjunto, el interés de Colby por revitalizar los vínculos profesionales y el empeño de Hegseth en restaurar líneas directas operativas ilustran que el compromiso selectivo está ganando terreno en instituciones clave de la seguridad nacional. Estos movimientos paralelos apuntan a un reconocimiento más amplio de que tratar cada interacción como un juego de suma cero no es ni realista ni conveniente para la seguridad estadounidense, china o rusa.

Otros ejemplos recientes refuerzan esta idea. Estados Unidos y China se han coordinado en el control de precursores químicos y en la repatriación de prófugos incluso sin un tratado de extradición. El trabajo discreto con los homólogos rusos contra el crimen organizado ha continuado pese al clima geopolítico general.

En cada caso, el principio rector es el mismo: identificar intereses comunes, establecer mecanismos disciplinados y medir el éxito por los resultados y no por un moralismo vacío.

Un modelo para la seguridad multipolar

De cara al futuro, el enfoque de Patel ofrece una plantilla de cómo las grandes potencias pueden gestionar la coexistencia. Rechaza tanto el acercamiento ingenuo como el aislamiento reflejo. En su lugar, practica un pragmatismo disciplinado: cooperar donde los intereses coinciden y competir donde no. En un mundo que ya no se organiza en torno a una única potencia dominante, la capacidad de trabajar con socios 'no tradicionales' en problemas concretos es un activo estratégico, no un lastre.

La incipiente arquitectura policial entre Estados Unidos, China y Rusia difícilmente disolverá los desacuerdos más profundos sobre Irán, Taiwán, Ucrania o la rivalidad tecnológica. Tampoco necesita hacerlo.

Su valor reside en demostrar que incluso los adversarios pueden proteger sus intereses frente a amenazas comunes.

Esa demostración fortalece la seguridad nacional en lugar de debilitarla. Al probar que tal cooperación es posible, Patel ha ampliado el conjunto de herramientas a disposición de los responsables políticos estadounidenses. En un entorno internacional impredecible, esa ampliación es tan necesaria como tardía.

Por Ladislav Zemánek, investigador no residente del Instituto China-CEE y experto del Club de Discusión Valdái.