En Cuba se realizan varios eventos culturales y políticos en el marco de las conmemoraciones por el centenario del nacimiento de Fidel Castro. Estas celebraciones constituyen un homenaje a la lucha antiimperialista y al legado del líder cubano.
Una de las etapas más importantes en su biografía es la travesía en el yate Granma, cuya operación clandestina comenzó en el puerto mexicano de Tuxpan (Veracruz). Esta embarcación, que fue comprada por 15.000 dólares a un estadounidense y ya había naufragado años atrás, llevó a Fidel Castro, el Che Guevara y 80 hombres más rumbo a la isla.
Todo comenzó cuando el revolucionario, exiliado en México, pasó por Tuxpan, un puerto muy parecido geográficamente con la zona de desembarco de Cuba. A lo lejos vio al Granma y se prometió que sería en él, que regresaría a la isla.
Fue así que utilizaron un lugar de 4.000 metros cuadrados, hoy convertido en museo, como centro clandestino de operaciones y el taller donde el Granma fue restaurado para la expedición. Aquí, durante dos meses, los militantes idearon todo el viaje y el sueño del triunfo de la revolución.
Una auténtica odisea
A la 1:30 de la madrugada del 26 de noviembre de 1956, usando un tablón, abrazados por la oscuridad de la noche, con el puerto marítimo cerrado por amenaza del Norte y una lluvia intensa, el buque zarpó con las luces apagadas rumbo a Cuba, y con 82 idealistas a bordo, con todo en contra.
Lo que quedó del lugar donde zarparon fue un terreno lleno de maleza que Salvador Hernández García, impulsado por su amor a la isla, a Tuxpan y a la Revolución cubana, transformó en un museo, dedicado a preservar la memoria de Fidel Castro y la travesía del Granma. "Da satisfacción pues saber que uno fue parte trascendente de una cosa tan simbólica, tan elocuente", afirmó el cronista a RT.
Así, desde ese puerto que luce tranquilo, el mundo recuerda una expedición que terminaría cambiando la historia de Cuba y dejando a Tuxpan ligado para siempre a uno de los episodios políticos más influyentes de América Latina.