La crisis de Ceuta alimenta una incómoda teoría sobre EE.UU. e Israel

El episodio de Ceuta no solo vuelve a poner en cuestión el uso de la migración como herramienta de presión, sino que también ocurre en medio del acercamiento entre Marruecos, Estados Unidos e Israel y el deterioro de sus relaciones con el Ejecutivo español.

Casi una semana después de la irrupción masiva de migrantes marroquíes en la ciudad española de Ceuta, siguen surgiendo interrogantes sobre cómo decenas de miles de personas lograron cruzar la frontera con tanta facilidad.

Entre algunos analistas gana fuerza la hipótesis de que los principales beneficiarios de esta nueva crisis migratoria en la periferia europea podrían ser Estados Unidos e Israel, dos países cuyas relaciones con Madrid atraviesan un momento especialmente tenso.

Ceuta, un viejo foco de disputa

No es la primera vez que Rabat utiliza los flujos migratorios como instrumento de presión diplomática. En el pasado, Marruecos recurrió a tácticas similares para presionar tanto a España como a Francia en respuesta a sus posiciones sobre el Sáhara Occidental, territorio cuya soberanía reclama.

En esta ocasión, los motivos exactos de la actuación marroquí siguen sin estar claros. Un análisis publicado por Le Monde planteó la posibilidad de que la maniobra busque presionar a España como primer paso hacia un eventual intento de modificar el estatus de Ceuta, considerada por Rabat como un territorio ocupado ilegalmente.

Aunque oficialmente Washington reconoce a Ceuta como territorio soberano español, el proyecto de ley de asignaciones presupuestarias de la Cámara de Representantes de EE.UU. para 2027, aprobado en julio, incluyó un informe en el que se afirmaba expresamente que "las ciudades administradas por España de Ceuta y Melilla están situadas en territorio marroquí", al tiempo que instaba al Departamento de Estado a promover conversaciones sobre su "estatus futuro".

Algunas voces en Israel también han cuestionado recientemente la legitimidad de la presencia española en Ceuta, pese a que esta se remonta al siglo XVI. "Ha llegado el momento de que España explique al mundo por qué mantiene enclaves coloniales en África", declaró Danny Danon, representante israelí ante la ONU.

El descontento con Pedro Sánchez

Otra hipótesis cada vez más extendida sostiene que Marruecos, Estados Unidos e Israel comparten un creciente malestar con la política exterior del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y que la crisis migratoria representa el punto culminante de esas tensiones.

"Aunque no existen pruebas concluyentes que respalden esta teoría, cada una de las partes tiene un motivo evidente: Washington está descontento con la actitud desafiante de España, Israel critica la posición de Madrid respecto a Gaza, y Rabat observa con preocupación el acercamiento entre España y Argelia", señala Nikolái Sújov, investigador principal del Instituto Primakov de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de Moscú.

Según el experto, uno de los principales detonantes del malestar de la Casa Blanca es la negativa de Madrid a elevar el gasto militar hasta el 5 % del PIB, como reclama EE.UU. a sus aliados de la OTAN, así como su rechazo a permitir el uso de las bases militares españolas para la agresión estadounidense contra Irán. La Administración Trump ya amenazó con imponer un embargo comercial total a España, una medida especialmente delicada debido a que el país ibérico obtiene de EE.UU. cerca del 30 % de sus importaciones de gas y el 20 % de las de petróleo.

En el caso de Israel, el deterioro de las relaciones responde a la firme postura adoptada por Pedro Sánchez frente a la guerra israelí en Gaza. En respuesta, Tel Aviv retiró a su embajador en Madrid ya en 2024.

Una crisis que podría repetirse

Al mismo tiempo, la cooperación entre Tel Aviv, Washington y Rabat se ha estrechado notablemente en los últimos años.

"El eje Israel-Estados Unidos-Marruecos se ha fortalecido y coordinado desde que Rabat firmó los Acuerdos de Abraham, normalizando sus relaciones con Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental", recuerda Sarah Leah Whitson, abogada especializada en derechos humanos.

A su juicio, independientemente del detonante inmediato de la incursión migratoria, esta ha terminado convirtiéndose en "una útil herramienta de presión política" tanto para Israel como para Estados Unidos.

"En teoría, con el respaldo de un poderoso aliado como Washington —para quien Rabat constituye un socio estratégico de Israel—, Marruecos puede permitirse presionar al sur de Europa mediante crisis migratorias controladas sin temor a sufrir represalias por parte de Occidente", sostiene Nikolái Sújov.

El experto concluye que nuevos episodios similares siguen siendo probables, ya que las causas estructurales que alimentan este tipo de crisis permanecen sin resolverse.