Protestas y nuevo examen: así sigue el escándalo en la mayor universidad de América Latina

Alrededor de 50.000 estudiantes que habían sido aceptados en estudios de nivel superior deben repetir la prueba.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enfrenta una grave crisis de prestigio y credibilidad luego de que, por primera vez en su historia, decidiera repetir el examen anual de ingreso a licenciaturas ante el fraude cometido durante una prueba que se llevó a cabo de manera virtual y a través de una inteligencia artificial que no pudo evitar que los aspirantes hicieran trampa.

Conforme pasan los días crecen las protestas de estudiantes en la rectoría de la UNAM, que con su matrícula de más de 370.000 alumnos es la más grande de América Latina y una de las más prestigiosas a nivel mundial. Cada año se postulan 150.000 jóvenes que quieren iniciar sus estudios de educación superior pero solo entran 50.000, los que obtienen las mejores calificaciones en el examen de ingreso.

Los aspirantes que fueron aceptados en el proceso de admisión de 2026 exigen que no se realice un nuevo examen, porque consideran injusto someterlos de nuevo a este nivel de estrés; sin embargo, los que fueron rechazados quieren que la prueba se repita para todos para volver a tener una oportunidad.

El resultado es que unos y otros grupos organizan intermitentes protestas en la rectoría, cierran avenidas y denuncian la inoperancia y falta de transparencia de un proceso que termina siendo injusto para miles de jóvenes en un momento crucial de sus vidas.

¿Qué pasó?

La crisis se debe a que este año la UNAM, una institución fundada en 1910, quiso innovar y realizó el examen de manera virtual. Para ello contrató a Territorium Life, una empresa a la que le pagó 41 millones de pesos (2,3 millones de dólares) para aplicar un sistema de IA que supuestamente supervisaría los exámenes mediante reconocimiento facial, validación continua de identidad, monitoreo con inteligencia artificial, bloqueo de aplicaciones externas y protección de reactivos.

Pero el sistema falló y los estudiantes recurrieron a todo tipo de maniobras de engaño. Algunos aspirantes escondieron teléfonos celulares, tabletas o un segundo monitor fuera del ángulo de la cámara para consultar respuestas a otras plataformas de IA, usaron cámaras de 360 grados que giraban a 180 grados para que solo enfocara al aspirante mientras otra persona resolvía el examen frente a la computadora, o se valieron de audífonos ocultos para que amigos o familiares buscaran y dictaran las respuestas.

Además, en redes sociales se publicaron tutoriales que explicaban cómo vulnerar la seguridad del sistema e, incluso, los primeros que hicieron la prueba luego vendieron el examen, con respuestas incluidas, a otros aspirantes, por precios que rondaban los 50.000 pesos (2.850 dólares).

Incertidumbre

Pese a que las denuncias estallaron desde el principio, la UNAM siguió adelante con el ingreso y en junio publicó la lista de los 50.000 estudiantes que habían sido aceptados; pero más tarde, ante el cúmulo de pruebas de las trampas que se habían realizado, tuvo que suspender el proceso, lo que sumió a la institución y a los aspirantes en una inédita incertidumbre.

La semana pasada, la UNAM por fin tomó una decisión y anunció que los alumnos aceptados tendrían que realizar un "examen de control presencial" para poder confirmar su ingreso a alguna licenciatura, pero la medida no resolvió la crisis, que se profundizó con las marchas y protestas de los alumnos que exigen que se identifique a los estudiantes que hicieron trampas y que solo a ellos se les repita la prueba.