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Corredores energéticos hacia Europa: las antiguas colonias están tomando las riendas

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Mientras las guerras y la inestabilidad estrangulan las rutas marítimas mundiales, los gasoductos africanos se están convirtiendo en la principal alternativa energética de Europa, escribe la experta Tamara Ryzhenkova.
Corredores energéticos hacia Europa: las antiguas colonias están tomando las riendas

En junio de 2026, Argelia comenzó la construcción de su tramo del Gasoducto Transahariano (TSGP, por sus siglas en inglés), un proyecto concebido por primera vez en la década de 1970 y que ahora se está reactivando debido a la crisis energética de Europa. Se espera que esta nueva ruta energética, de 4.128 kilómetros de longitud, se extienda desde Nigeria, atravesando Níger, hasta Argelia, donde ya ha comenzado la construcción de un tramo de 1.210 kilómetros.

El proyecto está gestionado por la empresa estatal argelina de petróleo y gas Sonatrach. Durante la ceremonia de inicio de las obras, representantes de la compañía anunciaron que el gasoducto se conectará a la red de gas existente cerca de Aoulef, en el suroeste del país, y se extenderá hasta las terminales de exportación del Mediterráneo.

En el contexto de las actuales interrupciones del suministro energético, el proyecto TSGP es extremadamente ambicioso. Para la Unión Europea, que desde 2022 busca fuentes de gas fiables y geográficamente diversificadas, esta ruta resulta muy atractiva. Si se completa, el gasoducto suministrará a Europa hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año.

Para Argelia, este proyecto representa un intento de consolidar su posición no solo como un importante proveedor de gas, sino también como un centro de tránsito entre África Occidental y el Mediterráneo. Para Nigeria y Níger, supone una oportunidad para acceder al mercado europeo mediante una ruta terrestre. El proyecto también es importante para Marruecos, ya que constituye un incentivo adicional para acelerar su propio proyecto gasístico, destinado a conectar Nigeria con el Atlántico y Europa, evitando el territorio argelino.

Argelia como fuente de gas para Europa

Argelia es un proveedor clave de gas natural para Europa. En 2025 exportó alrededor de 40.000 millones de metros cúbicos de gas a la Unión Europea, lo que representó aproximadamente el 14% de las importaciones totales de gas del continente. El país dispone de una infraestructura desarrollada que permite transportar el gas directamente a Europa mediante gasoductos, evitando las vulnerables rutas marítimas.

Los suministros se realizan a través de dos gasoductos: el Transmediterráneo (TransMed), que atraviesa el mar Mediterráneo hasta Italia, y Medgaz, que conecta directamente con España. Además, el gas natural licuado (GNL) también se exporta mediante buques metaneros.

Argelia destaca frente a muchos otros proveedores precisamente por su ubicación geográfica y su infraestructura desarrollada. Situada cerca del sur de Europa, cuenta con experiencia en contratos de suministro a largo plazo y ya está integrada en el sistema de abastecimiento de gas de la UE.

Aunque Argelia está aumentando sus exportaciones hacia Europa, también enfrenta un crecimiento de la demanda interna. En 2025, el consumo nacional de gas superó los 53.000 millones de metros cúbicos y continúa creciendo rápidamente debido al aumento de la población y al desarrollo industrial. Los nuevos proyectos son importantes para Argelia porque le permiten ampliar su producción, desarrollar infraestructuras y reforzar su papel como país de tránsito, garantizando su desarrollo.

Un proyecto gestado durante décadas

El TSGP es un gasoducto proyectado de unos 4.000 kilómetros que se extenderá desde los yacimientos de gas de Nigeria, atravesará Níger hasta llegar a Argelia y se conectará con el sistema de exportación existente hacia el mar Mediterráneo. Según algunas estimaciones, está diseñado para transportar hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año. El coste total del proyecto en el momento de su lanzamiento en 2009 se estimó en alrededor de 13.000 millones de dólares.

El proyecto comenzó a debatirse en la década de 1980, pero quedó paralizado debido a problemas de seguridad, financiación e inestabilidad regional, especialmente en Níger y el norte de Nigeria. Ha sido reactivado por varios factores: el creciente interés europeo por encontrar alternativas al gas ruso y de Oriente Medio, el deseo de Argelia de asegurar su papel como país de tránsito y el aumento de las tensiones en torno a las rutas marítimas, incluido el estrecho de Ormuz.

En julio de 2009, Argelia, Níger y Nigeria firmaron por primera vez un acuerdo intergubernamental para construir el TSGP. Inicialmente, se preveía que el gasoducto entrara en funcionamiento en 2015, pero el plazo fue pospuesto repetidamente debido a problemas de financiación. En 2022, el proyecto fue reanudado y se firmó un memorando de entendimiento en Argel. Sin embargo, en 2023 volvió a quedar congelado tras el golpe militar en Niamey y la posterior ruptura de las relaciones diplomáticas entre Argelia y Níger.

Las complejas relaciones entre Argelia y Níger

En julio de 2023, los militares tomaron el poder en Níger. Argelia rechazó categóricamente cualquier intervención militar externa, en particular las opciones propuestas por la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), advirtiendo que supondrían una amenaza directa para su propia seguridad. Argelia incluso se ofreció como mediador entre los líderes militares y civiles del país, pero la iniciativa fue rechazada.

La ruptura de las relaciones también estuvo alimentada por la crisis migratoria que estalló en abril de 2024. En aquel momento, el Consejo Militar de Níger convocó al embajador argelino para protestar por la expulsión masiva y violenta de migrantes subsaharianos a través de la frontera desértica compartida.

Las relaciones alcanzaron su punto más crítico en abril de 2025, cuando las fuerzas argelinas derribaron un dron procedente de Malí. Como para entonces Níger, Malí y Burkina Faso ya habían formado la Alianza de Estados del Sahel, Níger y sus aliados retiraron a sus embajadores en Argelia en señal de solidaridad.

No obstante, reconociendo su papel histórico en el Sahel, Argelia intensificó sus esfuerzos diplomáticos en Níger y Burkina Faso a principios de 2026. Níger restituyó a su embajador en Argelia y, en febrero, el presidente nigerino Abdourahamane Tchiani visitó a su homólogo argelino, restableciendo oficialmente las relaciones.

Durante una reunión celebrada en Niamey en marzo, ambos países firmaron más de 20 acuerdos estratégicos de cooperación en diversos ámbitos y acordaron reanudar importantes iniciativas transfronterizas, incluido el proyecto TSGP. A principios de julio, las relaciones entre Argelia y Malí también mejoraron. Ambos países reabrieron mutuamente su espacio aéreo y restituyeron a sus respectivos embajadores.

¿Quién está construyendo el gasoducto?

El TSGP está siendo desarrollado conjuntamente por la empresa estatal argelina Sonatrach, la Corporación Nacional de Petróleo de Nigeria (NNPC) y la Compañía Nigerina de Productos Petroleros (SONIDEP). El proyecto se ejecutará por etapas y no comenzará simultáneamente en los tres países.

El tramo nigeriano del gasoducto tendrá una longitud de 1,185 kilómetros; el tramo de Níger, 720 kilómetros; y el tramo argelino, 2.424 kilómetros. En Argelia, la construcción de un segmento de 1.210 kilómetros comenzó en junio de 2026, mientras que el resto del recorrido está formado por gasoductos ya existentes que transportan gas desde los yacimientos del sur hasta las estaciones de bombeo y las ciudades del norte. En Nigeria, la construcción del Gasoducto Transahariano se encuentra actualmente en fase de planificación y preparación. En cuanto a Níger, Niamey confirmó oficialmente que la construcción comenzará a principios de 2027 en colaboración con Sonatrach.

El ambicioso proyecto TSGP, si se lleva a cabo por completo, conectará a dos grandes potencias gasísticas. Argelia es el principal productor africano de gas natural, con una producción superior a los 100.000 millones de metros cúbicos anuales. Nigeria posee las mayores reservas sin desarrollar del continente, alrededor de seis billones de metros cúbicos, equivalentes a una cuarta parte de las reservas de Catar, el tercer país con mayores reservas de gas del mundo. En conjunto, ambos países concentran más de la mitad de la producción y de las reservas de gas natural de África.

Por qué este gasoducto no trata solo del gas

El proyecto TSGP no solo es importante desde el punto de vista económico, sino también geopolítico. Europa continúa buscando proveedores más cercanos, más previsibles y menos dependientes de los riesgos marítimos que los suministradores tradicionales. El TSGP también fortalece los vínculos diplomáticos de la Unión Europea con sus socios africanos.

El modelo argelino resulta especialmente ventajoso porque aprovecha la infraestructura terrestre y mediterránea ya existente y no depende exclusivamente del transporte de GNL en buques metaneros. Al conectarse con el centro gasístico de Hassi R'Mel, el TSGP enlaza con rutas de exportación ya consolidadas, como el Gasoducto Transmediterráneo.

El proyecto es igualmente importante para África. Para Nigeria representa la puerta de entrada a un mercado de exportación mucho mayor, mientras que para Níger constituye una oportunidad para obtener ingresos por tránsito e invertir en infraestructura.

Níger sigue siendo el eslabón más débil, ya que la seguridad de la ruta a través del Sahel, donde operan numerosos grupos terroristas, representa un riesgo importante para un proyecto costoso y de largo plazo. Lo mismo ocurre en el norte de Nigeria, donde la situación continúa siendo extremadamente inestable debido a la amenaza del terrorismo, el bandidaje armado y los enfrentamientos interétnicos.

Rivalidad entre Argelia y Marruecos

El proyecto TSGP no es la única iniciativa destinada a crear un corredor de gas entre África y Europa que ha cobrado impulso en los últimos meses. En abril de 2026, Amina Benkhadra, directora de la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos (ONHYM), anunció que el acuerdo intergubernamental sobre el proyecto de la ruta de suministro de gas Nigeria-Marruecos, valorado en 25.000 millones de dólares, debería firmarse este mismo año, tras haberse completado ya los estudios de viabilidad y el diseño preliminar.

El proyecto, también conocido como Gasoducto Atlántico Africano, contempla la construcción de una ruta de 6.900 kilómetros con una capacidad máxima de hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales. Está previsto que recorra la costa atlántica de África Occidental, conectando a 13 países y enlazando con la infraestructura gasística existente de Marruecos.

Los dos proyectos, ambos con origen en Nigeria pero impulsados esencialmente por Argelia y Marruecos, compiten estrechamente entre sí. No solo rivalizan por atraer inversiones, sino que ofrecen a Europa diferentes alternativas geoenergéticas. El TSGP propone una ruta transahariana y un centro de exportación ya existente en Argelia, mientras que el gasoducto Nigeria-Marruecos recorrerá la costa atlántica africana y favorecerá una integración regional más amplia. Ambos proyectos prometen transportar hasta 30.000 millones de metros cúbicos al año, aunque cada uno tiene sus propios plazos, riesgos y aliados políticos.

La rivalidad entre Argelia y Marruecos en el sector del gas forma parte de una competencia regional más amplia que va mucho más allá de la energía. Las relaciones entre ambos países del Magreb atraviesan actualmente una profunda crisis. En 2021, Argel rompió oficialmente las relaciones diplomáticas con Rabat debido a disputas territoriales y desacuerdos políticos. La frontera común permanece cerrada desde 1994 y el conflicto fronterizo se remonta a la Guerra de las Arenas de 1963, librada tras la independencia del colonialismo.

Requieren enormes inversiones y son políticamente sensibles

Actualmente, ambos países mantienen una intensa pugna por el liderazgo en el Magreb y más allá, incluido el mercado energético europeo. Para Argelia, el TSGP reforzará la imagen del país como el principal puente gasístico entre África y Europa. Para Marruecos, el proyecto junto con Nigeria ofrece la posibilidad de convertirse en el eje de tránsito del corredor gasístico de África Occidental y fortalecer su posición en sus relaciones con la Unión Europea.

Sin embargo, los dos proyectos requieren enormes inversiones y son políticamente sensibles. Los inversores y los potenciales compradores no solo están preocupados por la producción y la demanda, sino también por la seguridad de las rutas del gas, los contratos a largo plazo, las garantías de tránsito y la estabilidad política de los países participantes. Por ello, ambos proyectos permanecieron sobre el papel durante décadas y su reactivación actual no significa necesariamente que se vaya a producir un avance inmediato.

Los últimos meses han demostrado que ambas iniciativas gasísticas han pasado de ser ideas abstractas a convertirse en proyectos concretos de infraestructura. Europa sigue necesitando gas, y la inestabilidad de las rutas marítimas internacionales provocada por las guerras en Oriente Medio y el cierre del canal de Suez y del estrecho de Ormuz ha incrementado el valor del gas transportado por gasoductos y de los suministros a corta distancia.

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Además, la competencia entre Marruecos y Argelia constituye un poderoso motor para el desarrollo de ambos proyectos, aunque no garantiza la creación de una infraestructura sostenible en el futuro.

La velocidad de ejecución no debe sobreestimarse. Incluso en un escenario favorable, los gasoductos requieren años de construcción y su funcionamiento pleno depende de las negociaciones arancelarias, las condiciones comerciales y la estabilidad política. En el futuro próximo, la importancia de Argelia seguirá descansando principalmente en su papel como proveedor de gas, más que como impulsor de un futuro megaproyecto.

Por Tamara Ryzhenkova, profesora titular de la Facultad de Estudios Asiáticos y Africanos de la Universidad Estatal de San Petersburgo.

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