Las principales empresas de energía solar, junto con bancos y aseguradoras, han dejado de hacer negocios con al menos media docena de fábricas de paneles solares estadounidenses de reciente construcción, debido a la incertidumbre sobre si sus vínculos con China podrían descalificarlas para recibir subsidios a las energías limpias, informó este viernes la agencia Reuters, citando a ejecutivos del sector y documentos a los que ha tenido acceso.
Este cambio —impulsado por las nuevas políticas del Gobierno— pone en riesgo más de un tercio de la capacidad solar del país norteamericano en fábricas construidas inicialmente por empresas chinas. Hasta ahora no se habían publicado detalles sobre cómo la incertidumbre política está alejando a instaladores y aseguradoras de las fábricas solares estadounidenses con vínculos con Pekín.
Estos efectos emergentes coinciden con esfuerzos más amplios del inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, para bloquear la entrada de empresas chinas al mercado estadounidense y recortar el apoyo gubernamental a las energías renovables.
No obstante, expertos del sector apuntan que esta política podría ser contraproducente al poner en peligro el crecimiento del empleo manufacturero y la generación de energía en Estados Unidos, en un momento de aumento en las facturas de servicios públicos y una creciente demanda de electricidad por parte de los centros de datos que dan servicio a la industria de la inteligencia artificial.