Miles de explosivos enterrados hace más de cuatro décadas en el norte de Argentina siguen representando un riesgo latente para la población, en una franja que atraviesa zonas de Salta y Jujuy, según reconstruyó una investigación de La Nación basada en datos oficiales y judiciales.
Se trata de los llamados 'boosters sísmicos', pequeñas cargas utilizadas entre fines de los años 70 y principios de los 80 por la petrolera estatal YPF para explorar el subsuelo en busca de petróleo y gas. Muchos de esos artefactos nunca fueron detonados ni retirados.
Con el paso del tiempo, el crecimiento urbano avanzó sobre esas zonas y dejó a miles de personas viviendo sobre terrenos potencialmente peligrosos. Las lluvias, la erosión y el movimiento del suelo hacen que los explosivos emerjan o se desplacen, lo que aumenta el riesgo de detonaciones accidentales.
La magnitud del problema no está completamente determinada. En una presentación judicial, la provincia de Jujuy estimó que podría haber más de 77.000 cargas explosivas en su territorio, mientras que en Salta se calcula que la cifra sería incluso mayor, con trazas que superan los 8.000 kilómetros lineales.
Accidentes y muerte
El peligro no es teórico. A lo largo de los años se registraron múltiples accidentes, algunos graves, e incluso una muerte reciente. En agosto del año pasado, Henry Douglas Macharaga, un trabajador de 52 años especializado en explosivos y proveniente de Zimbabwe perdió la vida durante tareas de desactivación. En 2022, incendios forestales en la región provocaron detonaciones en cadena que obligaron a retirar brigadistas ante el riesgo de explosiones sin control.
Recién en 2025 comenzó un operativo sistemático para localizar y neutralizar estos explosivos, a partir de una licitación impulsada por YPF. La tarea fue asignada a una empresa internacional especializada, The Development Initiative (TDI), que desplegó equipos en zonas cercanas a Tartagal, Orán (Salta) y Libertador General San Martín (Jujuy).