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Cómo afecta la reapertura del estrecho de Ormuz a América Latina

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La alta incertidumbre asociada al conflicto en Asia occidental impide dar por conjurados algunos de los escenarios económicos sombríos proyectados por los especialistas.
Cómo afecta la reapertura del estrecho de Ormuz a América Latina

Tras más de 45 días de cierre casi total, Irán anunció esta jornada la reanudación del tránsito de embarcaciones comerciales a través del estrecho de Ormuz, al menos durante el lapso que resta de la tregua pactada con EE.UU.

El efecto sobre los precios del petróleo fue inmediato. El crudo Brent, que funge como referencia internacional, se depreció hasta los 89,43 dólares por barril, lo que representa casi 10 % menos del precio registrado el jueves. Asimismo, en consonancia con este resultado, el oro alcanzó su mayor cotización en semanas y las principales bolsas de Occidente abrieron operaciones con tendencia alcista.

Aunque el panorama luce auspicioso, quizá sea pronto para cantar victoria. De un lado, Washington decidió mantener el bloqueo sobre los puertos marítimos iraníes; de otro, Teherán advirtió que, de mantenerse las restricciones sobre sus rutas comerciales, procederán a cerrar nuevamente el estratégico paso marítimo.

En adenda, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica establecieron condiciones para la navegación en el estrecho. Estas incluyen el tránsito de las embarcaciones no militares a través de una ruta exclusiva decidida por las autoridades iraníes y la proscripción del paso a buques militares. Además, se precisa la autorización de los CGRI para atravesar el estrecho y se condiciona la apertura al cumplimiento de la tregua acordada en el Líbano.

A contrapelo de esas aseveraciones, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que "el estrecho de Ormuz está completamente abierto y listo para operar con paso total", que la República Islámica aceptó "nunca más volver a cerrar el estrecho de Ormuz" y que "ya no se utilizará como un arma en contra del mundo".

Precios inestables

En América Latina, los efectos de la suspensión casi total del tránsito de crudo a través del estrecho no han sido homogéneos.

Así, los grandes productores como Brasil eventualmente podrán recibir beneficios adicionales al cierre del año fiscal por cuenta del alza en los precios de ese hidrocarburo, que, pese al retroceso de este viernes, todavía se cotizan por encima del valor computado antes del estallido de la guerra.

En la acera de enfrente están los importadores netos y los grandes importadores de petróleo y sus derivados, que comenzaron a sufrir las consecuencias de los incrementos pocos días después del inicio de las hostilidades, lo que obligó a los gobiernos a aprobar subsidios y otras medidas de contingencia para frenar un esperable rebrote inflacionario.

El nudo crítico está en el alza de los combustibles, especialmente de la gasolina y el diésel, pues su impacto se extiende a prácticamente toda la economía y de él no escapan ni siquiera los países productores como Brasil, México o Venezuela.

Así, por ejemplo, aunque Brasil es el mayor exportador de petróleo de la región, el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva aprobó un paquete de emergencia para mitigar los aumentos, en procura de evitar alzas descontroladas en los precios de los billetes de avión o en el transporte de mercancías agrícolas. A ello se sumó la exoneración de impuestos federales para el queroseno, clave en la producción de combustible para los aviones, recoge G1.

Empero, el éxito de estas medidas está en cuestión debido a las capacidades limitadas del Estado para entregar los subsidios a los consumidores, particularmente aquellos relacionados con el diésel, así como a la negativa de algunas compañías locales a adoptar las políticas de Brasilia.

Todo ello hace vislumbrar que, aun cuando se mantenga la tendencia a la baja de los precios y no se produzcan nuevas interrupciones en el tránsito a través de Ormuz –lo cual está todavía en entredicho–, el efecto tardará algunas semanas en notarse en el bolsillo de los consumidores.

En Chile, importador neto de hidrocarburos, la reapertura del paso marítimo supondrá un alivio siempre gradual y estará altamente condicionado a los vaivenes del conflicto en Asia occidental. Así lo consideró María Isabel Bordones, docente de la Universidad del Alba, en consulta con la agencia Mediabanco.

La experta proyecta tres escenarios posibles, según el devenir de la guerra. En el más optimista, donde la apertura del estrecho de Ormuz se mantiene y se reduce la tensión en la región, lo esperable es que los precios internacionales del crudo sigan bajando y también lo hagan los combustibles en Chile.

En el menos favorable, de romperse la tregua o escalar el conflicto, ocurrirá lo opuesto, mientras que en lo que valora como el horizonte más probable, mientras dure la apertura y permanezca el bloqueo estadounidense, los precios podrían estabilizarse y no se esperaría una caída significativa en el corto plazo.

Dada su dependencia de los mercados internacionales, el país suramericano cuenta con un mecanismo de estabilización de precios de los combustibles, aunque su efectividad depende también de la cotización del peso frente al dólar.

"El consumidor debe entender que el precio del combustible no reacciona de forma inmediata. Hay desfases, además del impacto del dólar y de los mecanismos de estabilización", valoró Bordones. "El principal riesgo hoy es geopolítico: basta una ruptura de la tregua para revertir cualquier caída en los precios", añadió.

Peligro no conjurado

De momento, la única conclusión clara es que el escenario es de alta incertidumbre. En tales circunstancias, no se pueden dar por conjuradas algunas de las amenazas económicas proyectadas para los países del Sur Global, incluyendo los de América Latina.

En un informe publicado a finales del pasado marzo, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) advirtió que tanto el comercio como el crecimiento económico tienen altas posibilidades de desacelerarse en 2026.

Asimismo, las posibles repercusiones financieras incluyen la depreciación de las monedas locales, el aumento del costo de los servicios de la deuda externa y la cotización a la baja de las acciones de las principales compañías.

"Si persisten la escalada militar y las interrupciones, el sufrimiento irá mucho más allá de la región, traduciéndose en dificultades económicas generalizadas. En un momento de marcada fragilidad, la desescalada y el restablecimiento de la estabilidad son fundamentales", advirtió la entidad.

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