El narco que fingió su muerte y abrió una 'guerra judicial' entre países para juzgarle

Sérgio Roberto de Carvalho llegó a ser conocido como 'el Pablo Escobar brasileño' y se estima que introdujo en Europa hasta 45 toneladas de cocaína.

La historia del líder de una colosal organización criminal que se dedicaba al narcotráfico con origen en Brasil y destino en Europa está provocando una guerra judicial cruzada entre varios países, principalmente entre España, Bélgica, Brasil y EE.UU., que se disputan tener el 'honor' de juzgarle.

Tras un periplo por media Europa, que incluyó su muerte en España y su resurrección en Budapest, acabó siendo capturado y se encuentra en la actualidad a la espera de sentencia en Bélgica, aunque con la justicia de otros países con los ojos puestos en él.

Se cree que la red de Sérgio Roberto de Carvalho, de 68 años, exmayor del ejército brasileño, también conocido con el alias de 'Paul Wouter', movió más de 17 toneladas de cocaína entre los años 2017 y 2021. Aunque algunos reportes apuntan a que ese volumen pudo ascender hasta las 45 toneladas.

Lo hacía principalmente desde el puerto brasileño de Natal, en el noroeste de Brasil, para arribar en Bélgica, Países Bajos, España y Portugal, aunque sus redes llegaban también a Bolivia, Paraguay y Dubái, entre otros países.

Una operación internacional desmanteló gran parte de la organización a principios de 2022, con la detención de alrededor de 30 personas en España y Brasil, y las investigaciones arrojaron entonces que se habían blanqueado millones de dólares a través de bienes raíces, automóviles de lujo y carreras hípicas.

'El Pablo Escobar brasileño'

Carvalho llegó a ser conocido como 'el Pablo Escobar brasileño' debido al volumen de sus operaciones. Con los millones de dólares en cocaína que traficó por medio globo llegó a comprarse empresas de aviones privados para transportar los alijos.

Además de un cerebro criminal, también se descubrió como un experto en huidas. En agosto de 2020 fue detenido en una lujosa mansión en la ciudad mediterránea de Marbella, en España, ya acusado de delitos relacionados con el narcotráfico.

En aquel entonces tenía una identidad falsa, la de un ciudadano de Surinam llamado Paul Wouter, por lo que las autoridades españolas no tenían conocimiento de que se trataba de Carvalho. Pagó su fianza y se le perdió la pista.

Fingiendo su muerte

Logró escapar del radar de los investigadores fingiendo su muerte y entregando a las autoridades un certificado de defunción en el que constaba que había fallecido por coronavirus. Sus letrados aseguraron que su cuerpo había sido incinerado. España todavía se encontraba inmersa en la época más dura de la pandemia.

Fue después cuando se descubrió su verdadera identidad y que podría seguir vivo y cuando el foco se trasladó a Portugal. Allí se descubrieron gran cantidad de bienes a nombre de Carvalho, entre los que se encontraba una camioneta con 12 millones de euros en efectivo en su interior.

Se cree que era una pequeña parte de las ganancias de su lucrativo negocio, que quedaron en el país luso, donde había residido dos años, antes de poner rumbo a Marbella.

La conexión en Oriente Medio

El hilo que le unía con Dubái fue el dinero. Se cree que era en la ciudad de Emiratos Árabes Unidos donde se manejaban gran parte de sus finanzas y donde se estima que se encontraban los centros de mando y control de la organización.

De hecho, uno de sus lugartenientes y presunta mano derecha, Marcelo Maghenzani, tuvo una oficina en uno de los sectores más exclusivos de la urbe. Se cree que Maghenzani, que fue arrestado en 2020, se encargaba de reservar vuelos y proveer de tarjetas de crédito a Carvalho.

Confiscaciones millonarias

A lo largo de los últimos años, según han ido avanzando las investigaciones, se ha podido descubrir la magnitud del imperio que el exmilitar logró levantar.

Así, tan solo en Brasil, se confiscaron 163 propiedades vinculadas a la organización criminal, además de alrededor de otras 200 en España, Dubái y Portugal. Además, entre otros bienes, se incautaron a ambos lados del Atlántico 37 aviones, 70 automóviles y millones de euros en efectivo.

Capturado en Hungría

En junio de 2022 Carvalho fue localizado por la Interpol y capturado en Hungría, donde se escondía con una identidad falsa de nuevo, se cree que cobijado en un pasaporte mexicano falso. En los dos años pasados desde su muerte fingida en España se cree que pasó por Portugal, Ucrania y Dubái.

En 2023 fue extraditado a Bélgica, donde se encuentra en la actualidad en prisión y a la espera de sentencia por el transporte de 16.000 kilos de cocaína.

Mientras, en España se reclama su entrega por un juzgado de Pontevedra para juzgarlo por un alijo de 1.700 kilos de cocaína que fue aprehendido en 2018.

Lucha por la extradición

El alcance territorial de la organización que capitaneaba Carvalho ha desembocado en una pugna por su extradición entre varios países que pretenden juzgarle por delitos relacionados con el narcotráfico.

Además de Bélgica y España, también solicitan su entrega las autoridades de países como Brasil o EE.UU., donde el capo ya tienen condenas previas, en el primer caso, y donde se le quiere juzgar por tráfico de drogas, en el segundo.

Socios juzgados en España

Cuando escapó de España en 2020, lo hacía de una posible condena a 14 años de prisión y una multa de 340 millones de euros. Iba a ser juzgado en Galicia, por el mismo juzgado que todavía le reclama, por una operación de narcotráfico en cooperación con históricos narcos gallegos.

En noviembre de 2023, fueron condenados 14 narcos que prepararon con Carvalho la descarga de 1,7 toneladas de cocaína en Galicia en agosto de 2017, que en el mercado negro tendrían un valor de casi 60 millones de euros.

El militar brasileño se presentó ante los narcos gallegos con su identidad falsa y utilizando su avión privado para desplazarse desde su lujosa mansión en Marbella vendiéndose como principal contacto con el proveedor de la cocaína.

Entonces Carvalho cayó en la trampa de una operación policial que llevaba más de un año en marcha y fue detenido, junto a varios de sus secuaces. Tras pasar varios meses en prisión y salir gracias al pago de su fianza comenzó la huida que le llevó a ser detenido años después en Hungría.

La semana pasada el Tribunal Supremo ratificó las penas impuestas a sus compinches gallegos, con penas de entre tres y 12 años y medio de cárcel para 14 personas, un dictamen que ya había sido ratificado por la Audiencia Provincial de Pontevedra y el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. Ahora queda esperar si Carvalho también recibirá una sentencia en España.