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¿Por qué el Gobierno italiano quiere vender lo antes posible el banco más antiguo del mundo?

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La salida del Estado del accionariado de Banca Monte dei Paschi di Siena genera controversias en círculos gubernamentales, en medio del deterioro económico del país.
¿Por qué el Gobierno italiano quiere vender lo antes posible el banco más antiguo del mundo?

El futuro de Banca Monte dei Paschi di Siena, el banco más antiguo del mundo, vuelve a estar en el centro de la polémica en Italia, en medio de un tira y afloja en el seno del Gobierno de coalición de derechas de la primera ministra italiana Giorgia Meloni, que aboga por la venta inmediata de la entidad pública, mientras otros representantes del Ejecutivo sugieren frenar el proceso y piden sopesar los pros y los contras de una salida del Estado del accionariado.

El banco, que en su historia ha sobrevivido todo tipo de sucesos dramáticos, ha logrado recientemente avances significativos en su proceso de reconstrucción. Según los datos de la institución, el beneficio neto del primer semestre se multiplicó por 11,7 (hasta los 619 millones de euros o 663 millones de dólares), mientras que los ingresos aumentaron un 19,2 % (hasta los 1.850 millones de euros o 1.982 millones de dólares).

Sin embargo, pese a esta mejoría, algunos miembros del Gobierno se inclinan por vender al menos parte del 64% de la participación estatal en el banco para recaudar fondos adicionales para el presupuesto. Mientras, los detractores de la medida temen posibles consecuencias para la economía del país. Pero, ¿por qué el Monte dei Paschi di Siena se ha convertido de nuevo en la manzana de la discordia?

Hitos clave en la historia de un banco 'escandaloso'

La historia del Monte dei Paschi se remonta al siglo XV, en concreto a 1472, cuando fue fundado a iniciativa del Consejo General de la República de Siena con el objetivo de ayudar a los más pobres entre los pobres en tiempos de turbulencias económicas. No fue hasta principios del siglo XVII cuando la organización comenzó a tener una función similar a la de los bancos modernos, pagando a los depositantes con los ingresos de las tierras de pastoreo propiedad del gobierno, antes de entrar en el ámbito de los préstamos inmobiliarios.

Un episodio crucial ocurrió en 2007, cuando el Monte Paschi compró la entidad Banca Antonveneta por 9.000 millones de euros, un tercio más que la valoración de mercado calculada unas semanas antes. Al borde de la crisis financiera, la entidad recaudó fondos vendiendo bonos a hogares y a pequeñas empresas y recurrió a la contabilidad ilegal para ocultar pérdidas.

Finalmente, para salvarlo de colapso, el Gobierno se vio obligado en 2017 a intervenir la actividad del banco, socavado por el deterioro de los préstamos y las investigaciones sobre operaciones con derivados que más tarde llevarían a la cárcel a altos ejecutivos. 

El rescate del Gobierno italiano

En los años posteriores, las autoridades tuvieron que interceder varias veces para rescatar al Monte Paschi, que se enfrentaba a crecientes préstamos dudosos, a la crisis de la deuda y a la recesión más larga del país desde la Segunda Guerra Mundial. En 2021, el primer ministro Mario Draghi trató de vender la participación gubernamental a UniCredit, porque las partes no lograron llegar a un acuerdo. 

Meloni, que asumió la jefatura del Gobierno en octubre de 2022, se vio obligada a inyectar nuevos fondos en la entidad pocas semanas después por un valor de 1.600 millones de euros (1.714 millones de dólares) en medio de una ampliación de capital de 2.500 millones de euros (2.680 millones de dólares) que permitió al banco reforzar su posición.

Hasta la fecha, el Monte Paschi ocupa el quinto lugar entre mayores bancos de Italia, con más de 3,3 millones de clientes y unos activos de 120.000 millones de euros (129.000 millones de dólares).

¿En que consiste el plan de Meloni?

Las autoridades italianas contemplan la venta del Monte Paschi como una forma de financiar gastos adicionales sin aumentar la ya considerable la deuda pública italiana, que representaba el 143,5% del PIB nominal del país en marzo de 2023, frente al 144,4% del trimestre anterior.

Ahora Italia atraviesa un periodo de crecimiento económico más débil de lo previsto, lo que dificulta la obtención de fondos para cumplir las promesas electorales de la actual primer ministra sobre subida de pensiones y rebaja de impuestos. El Fondo Monetario Internacional prevé que el PIB del país aumente solo un 1,1% este año. Todo esto puedo empujar al Gobierno a revisar los pronósticos del presupuesto estatal, elevando sus objetivos de déficit presupuestario al 4,5 % para este año y al 3,7 % para el próximo. 

En esta situación, se entiende la prisa con la que Meloni intenta desprenderse de la participación estatal del más antiguo banco de Italia. La venta de toda la participación del Estado habría permitido recaudar más de 2.000 millones de euros, según el valor de mercado de la entidad a primeros de septiembre.

El punto de vista de la oposición 

La intención de vender el banco ha creado divisiones en la coalición gubernamental. El viceprimer ministro Antonio Tajani, que encabeza el partido Forza Italia, favorable a las empresas, apoyó la iniciativa de acelerar el proceso, argumentando que la menor presencia del Estado en la entidad contribuirá a la atracción de nuevos inversores extranjeros. Asimismo, añadió que dicho plan ayudará a financiar las reformas, incluidas la fiscal y la de la justicia.

Sin embargo, su opinión ha sido ampliamente criticada por otros representantes del Gobierno. Así, el ministro de Finanzas, Giancarlo Giorgetti, hizo un llamamiento a no acelerar la venta del Monte Paschi y dijo que el Gobierno la abordará "sin que nadie imponga un plazo".

Por su parte, los partidarios de la Liga del viceprimer ministro Matteo Salvini también rebatieron las declaraciones de Tajani y sostienen que la venta del banco no debería precipitarse.

Analistas comparten las preocupaciones en torno a la institución financiera y advierten que cerrar un acuerdo tan grande como la adquisición o fusión con otro banco llevaría tiempo. "La colocación de una participación significativa en el mercado sin la identificación de un socio estratégico puede plantear un riesgo de sobrecarga para la acción", escribió el analista de Equita Luigi De Bellis en una nota a los clientes.

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