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Un liderazgo que crece en el conflicto: las viejas lecciones del peronismo que la derecha argentina no aprende

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Tras el pedido de 12 años de cárcel contra la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, el peronismo no solo salió a la calle en su defensa, sino que logró algo que no parecía viable hace pocos días: la unificación de diversos sectores.
Un liderazgo que crece en el conflicto: las viejas lecciones del peronismo que la derecha argentina no aprende

El peronismo ha sido el fenómeno populista por excelencia de Latinoamérica y el mundo. Lleva más de setenta años girando tanto en torno al poder político como a la resistencia, criminalizada por la más feroz persecución de los peores dictadores del continente americano.  

Por ello, cuando la derecha argentina cree que el peronismo está debilitado, que ha sido derrotado y que solo falta el puntillazo final (en este caso las acusaciones legales contra su actual lideresa, la vicepresidenta Cristina Fernández), este movimiento histórico reemerge con inusitada fuerza.

Lo que ha pasado este fin de semana cuando, tras años de persecución y una nueva arremetida judicial por parte de fiscales evidentemente relacionados con la derecha, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, cercó policialmente la casa de Fernández con el fin de evitar manifestaciones a su favor, provocó la irrupción y unificación de este diverso pero poderoso movimiento peronista.

El peronismo se ha visto dividido y debilitado en la última gestión del actual presidente Alberto Fernández. La situación de empobrecimiento económico producida por la pandemia, el conflicto en Ucrania y también por cuestiones internas llevó al mandatario a cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que terminó de fragmentar el apoyo del peronismo al gobierno y evidenciar las fisuras entre él y la vicepresidenta.

A partir de allí se ha disminuido la actual administración y el peronismo se ha embutido en una tempestad interna que hace muy difícil la maniobrabilidad política. 

La derecha podría estar cometiendo el mismo error que en 1945, cuando la respuesta a un golpe de Estado de derecha permitió la irrupción definitiva del coronel Juan Domingo Perón, la figura histórica del peronismo.

Lo que está en entredicho actualmente es la permanencia en el gobierno de este movimiento ante las presidenciales de 2023, especialmente cuando en las elecciones de medio término salió derrotado con su fórmula Frente de Todos, que sacó un 34 % frente a un 42 % de su histórico oponente, el conservadurismo argentino, concentrado ahora en la opción Juntos por el Cambio. 

Además, las refriegas entre el presidente y la vicepresidenta hacen que el peronismo no tenga claridad sobre quién encabezaría la fórmula presidencial y produce indeterminación sobre su futuro próximo.

Así las cosas, la derecha argentina ha venido preparando la estocada final contra la vicepresidenta y expresidenta, quien es además la líder visible que podría darle un vuelco al escenario político imperante.

La semana pasada, el fiscal Diego Luciani pidió inhabilitación perpetua y 12 años de cárcel contra Cristina Fernández, lo que permitiría al conservadurismo tener la vía libre para recuperar el poder que perdió en 2019.  

Tras la decisión, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires impuso un cerco policial a la vivienda de la vicepresidenta y el peronismo no solo salió a la calle en su defensa, sino que logró algo que no parecía viable hace pocos días: la unificación de diversos sectores, incluyendo al presidente, quien ha condenado la actuación policial que produjo, además, situaciones de represión y enfrentamiento.

El hecho insufló en el peronismo su vena contenciosa, la que ha venido brotando desde que se forjó como movimiento nacional en 1945. 

Comenzando esta semana, el peronismo luce mucho más fuerte y decidido que la pasada. La derecha, en cambio, podría estar cometiendo el mismo error de aquel año, cuando la respuesta a un golpe de Estado de derecha permitió la irrupción definitiva del coronel Juan Domingo Perón, la figura histórica del peronismo que cuando casi cumple 50 años de muerto (falleció en 1974), sigue siendo el centro de la sensibilidad política argentina ante sus seguidores y sus adversarios. 

A partir de allí el peronismo ha resistido las peores dictaduras, persecuciones, miles de desapariciones a sus militantes y también muchos años de control del poder político.

Por ello, este cercamiento y persecución a la vicepresidenta no es un hecho nuevo que le va a amilanar, sino que puede resultar todo lo contrario: la palanca que necesitaba para cambiar la atmósfera de división y confrontación interna que venía sufriendo.

Entonces, ¿por qué provocarle en un momento de debilidad?

La jugada de Rodríguez Larreta

Cercar con vallas policiales la casa de Cristina Fernández en el barrio "pijo" (clase alta) de Recoleta tiene una función interna al antiperonismo. 

Larreta es un político hábil que ha entendido que no se puede gobernar solo desde la derecha y ha tratado de atajar a sectores moderados, centristas y socialdemócratas que se hicieron a un lado cuando el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) trató de acelerar un ajuste neoliberal. Este provocó un estruendoso fracaso económico que se tradujo en una derrota electoral monumental, después de que Macri se presentase como una de especie de salvador que había logrado un viraje en la Argentina al derrotar al peronismo, que ya llevaba tres triunfos al hilo y gobernó el país desde 2003 hasta 2015.  

Rodríguez Larreta juega una temeraria acción que a todas luces fortalece y moviliza al peronismo y desplaza el conflicto desde el malestar económico a la histórica confrontación política.

Así, Larreta ha tratado de moderar su discurso para ganar estos sectores "centristas", lo que le lleva a ser acusado como "paloma" por los "halcones" del antiperonismo. El jefe de Gobierno de la capital es visto con rechazo por las corrientes más ultraliberales, como la de Javier Milei, que sorprendió con un 7 % en las elecciones de medio término de 2021, y quien ya ha dicho que de ganar aquel en unas internas no lo apoyaría por su "convivencia" con el régimen peronista.

Lanzarse de frente contra Cristina Fernández puede verse como un error político garrafal del antiperonismo, pero a la vez es la forma que tuvo el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para demostrar que no es un "tibio" que se "entrega" a las veleidades del kirchnerismo, sino un franco derechista. Todo ello para poder ganar unas internas contra el expresidente Mauricio Macri y su discurso mucho más conservador.  

La moderación podría hacerle ganar unas presidenciales, pero no unas internas signadas por la polarización. Así, juega una temeraria acción que a todas luces fortalece y moviliza al peronismo y desplaza el conflicto desde el malestar económico a la histórica confrontación política.

¿Unificación del peronismo?

El peronismo abarca diversas corrientes contrarias y, sin embargo, hoy día esta más cerca de su articulación que la semana pasada. El presidente ha salido a respaldar a Cristina Fernández, a pesar del abierto enfrentamiento entre ambos, y está logrando catapultarse como núcleo articulador de los diversos sectores. 

Hoy el peronismo parece que está más en la oposición que en el gobierno y esa es ahora su gran fortaleza de cara al 2023. La arremetida de Larreta ha alimentado el vínculo peronista.

No son solo los errores de la derecha los que alimentan al peronismo. A mediados de agosto, en el marco del Consejo de las Américas y frente al propio Larreta, el embajador de EE.UU. en Argentina, Marc Stanley, interpeló al antiperonismo: "No esperen a 2023 para consolidar un frente".  

Nuevamente es imposible no hacer comparación con la campaña presidencial de 1946, cuando el embajador estadounidense de entonces, Spruille Braden, intervino enérgicamente en la justa electoral en contra del entonces candidato Perón. Allí, con la habilidad política que le caracterizó, el coronel lanzó la consigna que definiría la postura nacionalista del peronismo: "La disyuntiva de esta hora trascendental es esta: Perón o Braden".

Así Perón arrasó en las aquellas elecciones y se haría fuerte hasta el golpe militar que le derrocó en 1955.

Pasados tantos años, los actores de la política argentina siguen siendo parecidos y llevando causas similares.

Queda por ver si las acciones de Rodríguez Larreta y las declaraciones de Stanley, ambas temerarias, tienen una respuesta similar del pueblo argentino como la que tuvo en aquellas presidenciales de hace ya 67 años. 

Ociel Alí López es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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