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Argentina: Así es un típico basural contaminante a cielo abierto (por dentro)

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Hay al menos 74 vertederos en la provincia de Buenos Aires que complican la vida de los vecinos, con el visto bueno de las autoridades municipales, provinciales y nacionales. Recorrimos uno de ellos para analizar en qué situación se encuentran estos lugares.
Argentina: Así es un típico basural contaminante a cielo abierto (por dentro)

La provincia de Buenos Aires es el distrito más poblado de Argentina con más de 15 millones de habitantes y también, en consecuencia, el que más residuos produce. A diferencia de sus pares de la capital y sus alrededores, que cuentan con un sistema de recolección y acumulación de basura administrado por una empresa estatal –que también despierta polémicas–, las ciudades y pueblos más alejados cuentan con servicios improvisados que no resisten el menor análisis

Un informe de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires releva que hay 74 municipios con basurales a cielo abierto del tamaño de dos estadios de River, que es el más grande del país. En promedio, ocupan 90.000 metros cuadrados cada uno, están a dos kilómetros de la zona urbana más cercana y en muchos casos a tres —o menos— de una escuela. El dato más alarmante es que en la mayoría de estos lugares se queman los desechos, generando serias consecuencias en el medio ambiente y los ciudadanos. 

"Son basurales públicos. Ahí tiran desechos los recolectores municipales, los vecinos y las empresas, es una mezcla de todo", explica la máxima autoridad del órgano autónomo, Guido Lorenzino, y añade: "Se trata de lugares visibles. El caso más emblemático es el de la ciudad de Luján, donde está la basílica más grande de Argentina, que tiene un basural de 15 hectáreas. No es una cosa pequeña". 

Por otro lado, el dirigente opina que "no se puede hacer nada con el esfuerzo y la voluntad de los municipios, son necesarios recursos del Gobierno central de la provincia de Buenos Aires", y agrega: "La problemática es de tal envergadura, que no alcanza solo con la voluntad del intendente". En este caso puntual, el distrito de Luján, la provincia y el país están gobernados por la misma fuerza política: Cambiemos, cuyo máximo referente es el presidente Mauricio Macri.

Aunque sería injusto culpar exclusivamente a este partido por el flagelo ambiental –el mismo problema ocurrió durante los gobiernos kirchneristas y otros anteriores–, lo cierto es que el intendente local Oscar Luciani nunca atendió nuestras llamadas para brindar explicaciones, aunque su secretaria prometió que se comunicaría con nosotros. Ya pasaron unos 15 días, y seguimos esperando.   

"La quema es ilegal, pero los basurales crecen tanto que hay quemas clandestinas, para que se achique. Tratamos de visibilizar el tema para que entre los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial se encuentren soluciones", subraya Lorenzino.

Una tarde al aire libre

Para llegar al basural municipal de Luján desde el Congreso argentino, utilizando el transporte público, hay que tomarse un subterráneo, dos trenes y dos colectivos. Al cabo de unas tres horas de viaje se arriba al apestoso destino, donde no hay oficinas de turismo. El sol es sofocante y sus 40 grados de sensación térmica no son óptimos para caminar sobre los residuos de un sistema que desecha productos, casi por deporte.

El sitio no tiene carteles ni señalización alguna; su funcionamiento no es motivo de orgullo. Hay varios senderos con destinos inciertos. Un hombre se acerca con una camioneta y avisa que para entrar al predio primero hay que pedir permiso en la entrada, que es una pequeña casilla improvisada.

"Hola, vengo a registrar las ilegalidades que aquí se cometen y ver cómo contaminan la zona a diario", aquella no parece una buena carta de presentación para ingresar a los montes de basura. Será mejor evitarla. Esquivar la entrada es una estrategia más eficiente, y seguir las instrucciones de algunos cartoneros que entran y salen de allí. Sin embargo, el mejor guía es el olor, y los camiones de recolección de residuos que se introducen en los caminos de tierra.

Defensor del pueblo de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino
Defensor del pueblo de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino
"Son basurales públicos. Ahí tiran desechos los recolectores municipales, los vecinos y las empresas, es una mezcla de todo".

Tras seguir desde atrás a los vehículos estatales por unos minutos, comienza a visibilizarse la mejor imagen posible para graficar al capitalismo y la sociedad de consumo: un predio enorme y maloliente con miles de residuos sin tratar, a la intemperie, con grandes pájaros merodeando la zona en el aire y roedores en el suelo. Hay decenas de hombres y mujeres trabajando en condiciones deplorables, incluso familias enteras, hurgando la basura, buscando materiales para intercambiar por algunas pocas monedas, tras extenuantes horas de trabajo bajo el sol.

Mientras los insectos abundan y disfrutan de este sinfín de posibles enfermedades, en un verdadero festín de mugre, un niño que no supera los 10 años merodea la zona con su pequeña bicicleta. Lleva el torso desnudo, mucha suciedad y el ceño fruncido, reflejando un alto grado de rabia e insatisfacción. Nadie podría culparlo. 

En el mismo sector, un hombre llamado Osvaldo Gómez, quien no deja de emanar sudor por las altas temperaturas, se encuentra revolviendo la basura. "Tenía un trabajo normal, pero en el 2015 lo perdí y me vine acá", relata, y añade algunos comentarios negativos e irreproducibles sobre la actual dirigencia argentina. No se le había consultado sobre política. 

Chapuzón

Se acerca un camión municipal y suelta su importante carga de desechos sobre la tierra. Al rato, puede observarse cómo los trabajadores se acercan y comienzan su incansable búsqueda. Allí pueden encontrarse restos de televisores y electrodomésticos, zapatillas rotas, comida podrida, maderas, metales y plásticos. El lado positivo de estar en un lugar así, es que el visitante puede plantearse preguntas que difícilmente se haya hecho antes: ¿Tendré la vacuna antitetánica al día? ¿Qué hice para no haber nacido pobre? Absolutamente nada.  

Detrás de las pilas de basura hay un inmenso pozo de agua, que simula ser un lago. Sería difícil que no esté contaminado, sin embargo, un grupo de tres jóvenes se encuentra en el agua. "¡Dejá el teléfono y tirate!", grita uno de ellos. "A la salida le sacamos el celular", comentan entre sí. El clima comienza a ponerse tenso, nuestra presencia incomoda y ya no hay tiempo para debatir sobre Marx y Gramsci, o explicar que el enemigo es otro. La recorrida llega a su fin. 

Puro humo

El basural de Luján lleva funcionando unas cuatro décadas, aproximadamente. El barrio más cercano al predio de la desidia se llama San Pedro, que es muy humilde, al igual que sus vecinos. Sergio Almada vive con su familia a ocho cuadras del lugar: "Los médicos ya dijeron que mi nieta debía irse, por el humo", cuenta. Los problemas de bronquios y piel son comunes en la zona. 

La constante humareda complica la vida de estos ciudadanos, y cuando el viento sopla hacia sus viviendas, todo se pone gris. "Preguntaron si alguien fumaba en la casa, cuando les dijimos que no, entendieron el problema", recuerda. Así las cosas, los especialistas advirtieron que en caso de no retirarse de la zona, la niña podría convertirse en asmática, de forma crónica. Hoy lo es. 

 Defensor del pueblo de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino
Defensor del pueblo de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino
"La quema es ilegal, pero los basurales crecen tanto que hay quemas clandestinas, para que se achique. Tratamos de visibilizar el tema para que entre los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial se encuentren soluciones".

Jorge D. Pierro y su familia son los más expuestos a la basura; viven a tan solo 300 metros del establecimiento. Tiene 58 años, una casa de "diez por cuatro" metros, donde vive con su pareja, dos hijas y cinco nietas, y un hartazgo obvio. Además de indignada, su voz suena exhausta por quejarse siempre de lo mismo. "Cuando viene el humo no se puede hacer nada. Hay que cerrar puertas y ventanas, y colocar toallas para que no se filtre, entonces tampoco podemos cocinar, porque nos ahogamos", comenta. 

"Estamos cansados, rodeados de ratas. Parecemos panceta ahumada", califica Pierro, aunque destaca aspectos de la organización vecinal: "Cuando amenazamos con cortar la ruta, queman un poco menos". Para cerrar, Jorge apunta: "En los barrios ricos hay obras, acá no hacen nada. Esperemos que esto cambie de una vez", pide el entrevistado. Por ahora, para San Pedro y su gente solo hay humo.

Malos aires

"El basural es completamente contaminante, genera daños a los barrios mas cercanos. En el censo del 2010 se calculaba que había 10.000 personas", subraya Guadalupe Ledesma, una militante de la agrupación política Patria Grande en aquel territorio, y resalta: "Los trabajadores no tienen condiciones de salubridad o formalidad".

Asimismo, Ledesma también destaca que "con las quemas hay accidentes en la ruta 192 –que bordea el vertedero–, porque hay poca visibilidad", y opina: "Dicen que los incendios se producen solos, pero es obvio que no". Según su relato, desde las fiestas de diciembre "los incendios son continuos, por lo general de madrugada, cuando a veces hay trabajadores del turno noche", perjudicando su labor y arriesgando su integridad física. 

Ledesma es una de las vecinas que participó el 22 de enero en la votación de una ordenanza municipal donde le dan al Gobierno local 60 días para presentar un plan de acción y, en caso de aprobarlo, tendrá un año para implementarlo. La intención es hacer un tratamiento adecuado de la basura, menos agresivo con el medio ambiente, sanear el terreno e incluir a las personas que hoy trabajan allí. 

Así las cosas, quien sí nos atiende de la Intendencia para dar explicaciones es el subsecretario de Servicios Públicos, Sergio Fernández, y asegura que la intención es "eliminar el basural, remediar el terreno y en el mismo sitio instalar una planta de transferencia y separación de desechos". Según cuenta, pondrán foco en discriminar lo orgánico de los metales y plásticos, y planean "reutilizar todo". A su vez, piensan colocar cámaras de seguridad, un vallado u otro sistema de control para marcar los límites del predio y evitar que ingresen personas no autorizadas, e instalarán un sistema de iluminación.

"Nosotros no quemamos"

Por otro lado, admite que "las prendidas de fuego del basural son absolutamente intencionales", pero aclara: "Nosotros no quemamos". A su vez, profundiza: "No hay manera que en estas dimensiones se prenda fuego solo, eso lo denuncié penalmente varias veces en la Fiscalía Descentralizada de Luján. En Argentina hay unos 2.800 basurales a cielo abierto, si esto fuese cierto, estarían todos prendidos de fuego. Casualmente se prenden un sábado o domingo, cuando las máquinas no están. Hay una intencionalidad política".

Mientras llueven acusaciones de un lado y del otro, el basural sigue contaminando y los vecinos respiran humo de forma constante. Entonces, Fernández reconoce: "Sí, tenemos falencias, pero lo vamos a transformar". Asimismo, destaca que son "inspeccionados por el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS)". Además, según el funcionario, "hay lugar para tirar basura 10 años más". 

Por último, una vocera de prensa del OPDS responde que el organismo "interviene cuando recibe denuncias –sobre basurales ilegales– y el municipio no actúa". Además, repasa que están "saneando cuatro basurales grandes en Junín, Balcarce, Azul y San Vicente", otros distritos de la provincia, con vertederos de entre "ocho y 25 hectáreas".

Y suma otros ejemplos: "En la localidad de José C. Paz tenemos una denuncia que está en Fiscalía de Estado, porque es el municipio el que tira basura en un predio, hicimos dos clausuras ya. En la ciudad de Quilmes –del mismo signo político– trabajamos con el municipio para controlar vuelcos clandestinos. También en la ciudad de Berazategui hicimos inspecciones donde camiones atmosféricos arrojaban materiales en un predio". 

Parece que nadie tiene la culpa, pero todavía huele a podrido.  

Leandro Lutzky

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