Envejecer no es un proceso que comienza de repente, cuando aparecen las primeras arrugas o el cuerpo empieza a perder agilidad. Aunque durante años no percibamos cambios importantes, el organismo atraviesa una evolución gradual desde la adultez temprana. Entonces, ¿a qué edad comenzamos realmente a envejecer?
Diversos estudios longitudinales sitúan entre los 20 y 30 años el momento en que varias funciones fisiológicas alcanzan su máximo y comienzan después un descenso progresivo. A partir de esa etapa, la capacidad aeróbica, la fuerza y la masa muscular, la densidad ósea, la velocidad de procesamiento cognitivo y la producción de colágeno cutáneo pueden empezar a disminuir de forma lenta y casi imperceptible.
Al principio, estos cambios suelen pasar inadvertidos, pero se hacen más evidentes y pueden acelerarse a partir de los 45–50 años. En ese período puede producirse una mayor pérdida de masa muscular, una disminución de la capacidad cardiovascular, una reducción de la densidad ósea y un declive cognitivo más marcado.

En este sentido, el doctor en ciencias médicas y jefe del Departamento de Fisiología de la Primera Universidad Estatal de Medicina de Moscú, Vladímir Umriujin, declaró a RIA Novosti que los principales procesos de envejecimiento del cuerpo humano suelen activarse después de los 45 años.
El especialista indicó que los primeros signos de cambios asociados a la edad pueden presentarse ya entre los 25 y 30 años, pero que manifestaciones comúnmente vinculadas al declive del organismo —como la presbicia (vista cansada) o las cataratas— suelen aparecer después de los 45.
Umriujin añadió que el deterioro más perceptible de funciones, como cambios ateroscleróticos significativos en los vasos sanguíneos, tiende a comenzar después de los 50 años. Según afirmó, la velocidad de estos cambios depende en gran medida del estilo de vida, la actividad física y el estado emocional.
A su juicio, el estrés y la recuperación posterior son factores clave. Explicó que, cuando una situación de tensión termina con un resultado positivo, el organismo puede adaptarse y fortalecer sus reservas, mientras que el estrés crónico agota esos recursos.
El médico recomendó mantener cargas moderadas: actividad física regular y acorde a la capacidad del cuerpo, como una forma de preservar la salud y prolongar la juventud.







