El misterio envuelve la vida y muerte del mayor terrateniente de dos provincias argentinas, el austero inmigrante italiano Manuel Roseo, quien fue brutalmente asesinado hace más de una década para arrancarle la propiedad de una millonaria finca cuyo destino aún desata controversia y disputas entre grupos de poder, familiares, narcotraficantes y emporios ecologistas.
Aunque Roseo era el dueño de La Fidelidad, una finca de 500 millones de dólares con una extensión de 250.000 hectáreas ubicada entre las provincias de El Chaco y Formosa, no vivía allí. El hombre, nacido en Roma (Italia), en 1935, tenía como residencia una modesta vivienda ubicada en la ciudad chaqueña de Juan José Castelli, que compartía con su cuñada, Nélida Bartolomé, relata una extensa crónica publicada en Anfibia.
La mañana del 13 de enero de 2011, Roseo, de 75 años en ese entonces, y Bartolomé, de 74, fueron salvajemente asesinados mientras estaban en su casa. Según el expediente judicial, sus cuerpos fueron hallados "rodeados de abundante sangre".
Conforme a lo encontrado por las autoridades, utilizaron un martillo engomado para golpearlos, lo que les produjo "desgarro del cuero cabelludo, hundimiento y fractura de huesos y la pérdida de piezas dentales".
Bartolomé murió producto de la tortura, mientras estaba maniatada con cables eléctricos. Las víctimas tenían los ojos y las bocas sellados con cinta pegante y, alrededor de sus cabezas, tenían bolsas de plástico atadas al cuello para ser asfixiados. Roseo, además, fue estrangulado.
El magnate ecologista
Seis meses después de los asesinatos, en julio de 2011, el Gobierno argentino expropió 150.000 hectáreas de la vasta propiedad. El proyecto que se inició en ese entonces fue la construcción del Parque Nacional El Impenetrable, catalogado como 'la joya de la conservación' en el país suramericano. Su inauguración fue en 2017.
Detrás de ese proyecto estaba el magnate estadounidense Douglas Tompkins, el llamado 'filántropo de la Patagonia', al frente de la fundación The Conservation Land Trust, respaldada por la Fundación Rockefeller. Este empresario adquirió distintos terrenos entre Argentina y Chile para integrarlos a parques nacionales, a pesar de los señalamientos de los habitantes de haber conseguido las compras bajo presión, amenazas y con fines de favorecer a EE.UU. y no a los países donde se encontraban las tierras, según Soberanía Chile.
Lucía Roseo, la hija del inmigrante italiano que llegó a Argentina en los años 50, habló de un plan para quitar del medio a su padre y despojarlo de sus tierras. Según apuntó, hubo un acuerdo entre el Gobierno y Tompkins para darle luz verde a la creación del parque nacional. "Hoy seguimos en juicio y ellos no pueden pagar lo que nos sacaron. Desde que mataron a mi papá a nosotros nos quieren borrar del mapa", dijo a Anfibia.
Las riquezas de La Fidelidad
Además del extenso terreno que ocupaba La Fidelidad, parte de la finca está catalogada como el bosque seco más extenso del mundo, que sigue hasta Bolivia, Paraguay y Brasil. Además, es atravesada por el río Bermejo, que integra la cuenca de La Plata, con desembocadura en el Atlántico Sur.
Más allá de su riqueza natural, sus linderos guardan posibilidades estratégicas. En las cercanías de esa estancia se han hecho perforaciones en busca de petróleo y del último tramo del acuífero guaraní, que es la tercera reserva de agua dulce más grande del mundo.
Su atractivo no ha estado ligado solo a su potencial natural, pues el narcotráfico también vio una posibilidad en esas hectáreas. Debido a los incendios que azotaron la región del Gran Chaco, parte de la finca quedó aislada entre plantaciones de soja, lo que sirvió para que en sus terrenos se construyeran pistas clandestinas que transportaban cocaína desde Bolivia a Paraguay.
Roseo sabía de los poderosos que se frotaban las manos con la eventual posesión de La Fidelidad y que se acercaban con jugosas propuestas para que les vendiera la finca, mismas que fueron rechazadas.
La intrigante compra de la finca
El historiador Vidal Mario, según Anfibia, publicó una investigación "sobre la improbable compra de la estancia La Fidelidad", que la corporación multinacional argentina Bunge & Born le entregó a cambio de un taller textil, en 1972, a Roseo y a su hermano Luis, fallecido en 1984. Además, el Banco de la Nación les otorgó préstamos para compra de ganado. La deuda, que ascendía a cinco millones de dólares, nunca tuvo que ser saldada tras un decreto presidencial de Carlos Menem.
La propiedad se mantuvo intacta mientras Roseo estuvo en vida. Solo obtuvo permisos para talar algunos árboles y abrir un modesto aserradero para cubrir sus gastos.
Las dudas y las interrogantes sobre la adquisición de La Fidelidad se centran en el misterio de cómo los hermanos Roseo hicieron negocio millonario con una multinacional agrícola de relevancia regional y cómo pudieron pagar esa propiedad si solo tenían un taller textil. Asimismo, no queda claro por qué no hicieron producir esa tierra en tantos años y por qué la propiedad no podía modificarse. Algunos apuntan, sin pruebas, a que pudieran haber estado resguardando los intereses de algún dueño bajo las sombras.
Los asesinos
Al frente de la muerte de Roseo y su cuñada estuvo Luis Raúl Menocchio, quien ya había cometido otros tres homicidios, y que era conocido como 'El asesino de las mil caras', por las cirugías plásticas que se había practicado para no ser identificado, según La Nación.
Menocchio, que vivía de la ostentación y lujos, sintió codicia por La Fidelidad e ideó un ambicioso plan: estafar a su dueño con un boleto de compraventa falso, arrancarle la propiedad y desaparecerlo. Para ello, se acercó al estanciero con la supuesta intención de adquirir parte del terreno.
En el asesinato participaron Menocchio, Claudio Gómez y Salvador Borda. Los tres se proponían obligar a que Roseo firmara el documento, lo que no hizo. Por ello, lo torturaron junto a su cuñada.
Los homicidas limpiaron el lugar e hicieron parecer la escena del homicidio doble como si hubiera ocurrido un robo. Todo estaba dispuesto para que Sergio Omar Berg, trabajador de Roseo, pareciera el culpable.
Berg fue golpeado, maniatado y asfixiado con una bolsa en la cabeza. Sus agresores lo pusieron en el baúl de un carro y luego lo lanzaron en un camino de tierra de un lugar aislado. Aunque los asesinos lo creyeron muerto, el hombre sobrevivió.
Menocchio fue el primero en ser capturado, tras ser reconocido por un testigo. Los otros cómplices fueron identificados gracias al relato de Berg. Uno de ellos, Claudio Gómez, se suicidó en la cárcel tras un intento de fuga fallido, mientras que los otros dos siguen pagando su condena de cadena perpetua.