El 'virus' de los sicarios adolescentes se expande en un próspero país de Europa

El reclutamiento de menores de 15 años por organizaciones criminales se ha convertido en un problema de primera magnitud en la nación nórdica.

En los últimos años se ha observado en Suecia un fenómeno que no casa con un país paradigma del estado del bienestar con instituciones consolidadas: el auge de menores de edad involucrados en delitos cada vez más graves.

En 2024, las autoridades suecas identificaron alrededor de 1.700 adolescentes, menores de 18 años, vinculados a redes criminales. Al menos 52 casos se trataba de menores de 15 años participantes en homicidios o intento de homicidio.

Contratados como sicarios

Ese mismo año se registraron al menos dos casos en las que bandas locales reclutaron a adolescentes de entre 13 y 15 años como sicarios, con el objetivo de aprovechar su condición de inimputables bajo las leyes suecas.

Se conocen casos de edades aún más tempranas, como el de un niño de 12 años detenido por su participación en un asesinato por encargo por 20.000 euros; o el de otro menor, de 11 años, al que ofrecieron más de 13.000 euros para cometer un asesinato.

Contratados a través de las redes sociales

La mayoría de los casos tienen en común la existencia de redes delictivas, generalmente dedicadas al narcotráfico, que emplean la violencia; la búsqueda de menores para llevar a cabo las ejecuciones más arriesgadas; y el reclutamiento online, muchas veces a través de las redes sociales.

En 2024, el número de sospechosos de menos de 15 años involucrados en homicidios o intentos de asesinato se multiplicó en el país con respecto al ejercicio anterior, una tendencia que se siguió manteniendo el año pasado.

El patrón que se observa muestra que las organizaciones criminales se están esforzando por reclutar a niños de entre 10 y 14 años, principalmente a través de redes sociales y servicios de mensajería instantánea porque en el país no tienen responsabilidad penal. Se trata de una forma de externalizar los riesgos.

Aumento del consumo de drogas y del botín en disputa

La intensificación de la actividad criminal, y su búsqueda de nuevas formas de eludir sus responsabilidades, se da al calor del aumento del consumo de drogas en el país. Un informe de 2025, elaborado para la ciudad sueca de Gävle, analizó sus aguas residuales y reveló incluso el valor de las drogas que circulan por el municipio. Su mercado anual de cannabis, cocaína y anfetaminas se sitúa alrededor de los 4 millones de euros.

En total, se calcula que el mercado sueco de las drogas podría mover al año una gran parte de los casi 7.000 millones de euros en los que se estima la factura de la economía criminal del país. El aumento de las rentas por esas actividades ilegales ha dado paso a una competencia por su control que se resuelve por medio de la violencia. Y es ahí donde entra el reclutamiento de menores como una nueva arma en esa batalla.

Niños sicarios: material de exportación

En los últimos tiempos se ha detectado que el fenómeno de los niños sicarios no se queda circunscrito a las fronteras suecas, sino que en el marco de circuitos trasnacionales, se empieza a exportar a otros países.

Así ha pasado en España. En 2024, la Policía desarticuló una red que reclutaba adolescentes suecos para matar por encargo y que llegó a enviar a un menor con un fusil de asalto y un plan de fuga. En Benalmádena otro menor sueco de 17 años fue detenido por planear un asesinato por encargo. 

Tanto el carácter transnacional como el vínculo entre la organización y los sicarios, ha hecho que Europol describa este fenómeno como Violence as a Service (VaaS) [Violencia como servicio]. Se trata de la externalización de la violencia por medio de la contratación de terceros.

Esa contratación se produce online, donde se publicitan ofertas concretas para contratar asesinatos, de manera que el ejecutor ya no forma necesariamente parte de la organización que planifica y ordena el crimen. Los menores son el objetivo ideal, tienen menos riesgos judiciales, son fáciles de contactar en entornos digitales y su neutralización no supone ningún obstáculo en la operativa de la organización criminal.

Gamificación y legitimación de la violencia

En las redes sociales y otras plataformas todo acaba pareciendo un juego, además de que se incentiva la legitimación de la delincuencia, con la exhibición de dinero y armas como un estilo de vida deseable.

El reclutamiento de menores se observa con preocupación como una parte del funcionamiento estructural de las redes criminales, con raíces en bases educativas débiles, falta de expectativas vitales y entornos socioeconómicos vulnerables que llevan a algunos adolescentes a considerar las ofertas de pertenencia, protección y recompensas económicas que ofrecen las organizaciones criminales.

El fenómenosha llegado a la arena política sueca. Desde sectores conservadores se lo ha vinculado con problemas relacionados con la inmigración, mientras que se aboga por el endurecimiento de las penas y la bajada de la edad de responsabilidad penal desde los 15 a los 13 años para delitos graves.

Entre los críticos con esas propuestas se alega que pueden ser contraproducentes y alentar a buscar a niños aún más pequeños y que el endurecimiento de las penas no reduce la reincidencia, como se observa en países como EE.UU.

La situación que emerge de ese escenario en paradójica, al situarse en un país que siempre copa las primeras posiciones en indicadores de desarrollo humano, caracterizado por su bajo nivel de corrupción y sus sistemas de bienestar social de amplia cobertura.

Sin embargo, la existencia de un mercado ilícito, con la violencia que ejercen sus operadores por su control, ha hecho que las organizaciones se adapten al entorno y hayan puesto sus ojos en el reclutamiento de los actores más vulnerables y más útiles: los menores, el último eslabón de la cadena, el más débil y el más prescindible.